A todos los sacerdotes, transfórmalos en Ti, Señor. Que el Espíritu Santo los posea, y que por ellos renueve la faz de la tierra.

domingo, 2 de abril de 2017

Que la intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, bajo cuya protección puso su vida y pontificado nuestro querido y recordado Juan Pablo II, nos prepare a vivir intensamente esta última semana de Cuaresma, haciendo de nuestras comunidades recintos de verdad y caridad, de paz y esperanza para todos. Benedicto XVI, Ángelus del 2 de abril de 2006



Evangelio según san Juan 11, 1-45
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron decir a Jesús:
"Señor, tu amigo está enfermo".
Al oírlo dijo Jesús:
"Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella".
Por eso Jesús, que amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro, al enterarse de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días donde se hallaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
"Vamos otra vez a Judea".
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
"Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá".
Jesús le dijo:
"Tu hermano resucitará".
Marta respondió:
"Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día".
Jesús le dice:
"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?"
Ella le contestó:
"Sí, Señor: creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo".
Jesús, muy conmovido, preguntó:
"¿Dónde lo han enterrado?"
Le contestaron:
"Señor, ven a verlo".
Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:
"¡Cómo lo quería!"
Pero algunos dijeron:
"Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?"
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba que era una cueva cubierta con una losa.
Dijo Jesús:
"Quiten la losa".
Marta, la hermana del muerto, le dijo:
"Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días".
Jesús le dijo:
"¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?"
Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
"Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado".
Y dicho esto, gritó con voz potente:
"¡Lázaro, ven afuera!"
Y el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo:
"Desátenlo y déjenlo andar".
Y muchos judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


  

Salmo 129

Perdónanos, Señor, y viviremos.

Desde el abismo de mis pecados clamo a ti, Señor; escucha mi clamor; estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
Perdónanos, Señor, y viviremos.
Si conservaras el recuerdo de las culpas, Señor, ¿quién habría que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su Palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Porque del Señor viene la misericordia, la abundancia de la redención; y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades.
Perdónanos, Señor, y viviremos




Para que el Redentor del mundo, que se entregó a la muerte para vivificar a su pueblo, libere a la Iglesia de todo mal, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.

Para que el Redentor del mundo, que oró en la cruz por quienes lo crucificaban, interceda ante el Padre por los pecadores, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.

Para que el Redentor del mundo, que experimentó en la cruz el sufrimiento y la angustia, se compadezca de los que sufren, les dé fortaleza y paciencia y ponga fin a sus dolores, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos. Para que el Redentor del mundo a nosotros, que en estos días nos disponemos a recordar con veneración su cruz, nos reconforte con la fuerza de su resurrección, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.







Oremos a Dios Padre, que ha querido asociar a la misión de su Hijo a la Virgen María, como corredentora y madre de los apóstoles.

-Por la Iglesia: para que viva siempre el «sí» de María a la palabra de Dios.

-Por las vocaciones y los que aspiran al apostolado: para que en las dificultades se sientan asistidos por María, como Juan al pie de la cruz.

-Por todos los que trabajan al servicio del Evangelio: para que se llenen del Espíritu Santo, como los apóstoles reunidos en oración con María en el cenáculo.

-Por todos los que sufren, enfermos, pobres, marginados: para que les llegue el mensaje de la salvación y vean en María un signo de esperanza cierta.

Oración: Escucha, Padre, nuestra humilde oración, que te presentamos por medio de María, nuestra Madre y Reina, mediadora de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.







PRIMER ANIVERSARIO DE LA MUERTE
DEL PAPA JUAN PABLO II
Benedicto XVI, Ángelus del 2 de abril de 2006

Queridos hermanos y hermanas:

El 2 de abril del año pasado, precisamente como hoy, el amado papa Juan Pablo II, en estas mismas horas y, aquí, en este mismo apartamento, vivía la última fase de su peregrinación terrena, una peregrinación de fe, de amor y de esperanza, que ha dejado una huella profunda en la historia de la Iglesia y de la humanidad. Su agonía y su muerte constituyeron casi una prolongación del Triduo pascual.

Todos recordamos las imágenes de su último vía crucis, el Viernes Santo: dado que no podía ir al Coliseo, lo siguió desde su capilla privada, teniendo entre las manos una cruz. Después, el día de Pascua, impartió la bendición urbi et orbi sin poder pronunciar palabra alguna, sólo con el gesto de la mano. Nunca olvidaremos esa bendición. Fue la bendición más dolorosa y conmovedora, que nos dejó como último testimonio de su voluntad de desempeñar su ministerio hasta el fin. Juan Pablo II murió así, como siempre había vivido, animado por la indómita valentía de la fe, abandonándose a Dios y encomendándose a María santísima. Esta noche lo recordaremos con una vigilia de oración mariana en la plaza de San Pedro, donde mañana por la tarde celebraré la santa misa por él.

A un año de distancia de su paso de la tierra a la casa del Padre podemos preguntarnos: ¿cuál es el legado de este gran Papa, que introdujo a la Iglesia en el tercer milenio? Su herencia es inmensa, pero el mensaje de su larguísimo pontificado se puede resumir bien en las palabras con las que quiso inaugurarlo aquí, en la plaza de San Pedro, el 22 de octubre de 1978: «¡Abrid; más aún, abrid de par en par las puertas a Cristo!». Este inolvidable llamamiento, que sigue resonando en mí como si fuera ayer mismo, Juan Pablo II lo encarnó con toda su persona y toda su misión de Sucesor de Pedro, especialmente con su extraordinario programa de viajes apostólicos.

Visitando los países de todo el mundo, encontrándose con las multitudes, las comunidades eclesiales, los gobernantes, los líderes religiosos y las diversas realidades sociales, realizó un único gran gesto, como confirmación de aquellas palabras iniciales. Anunció siempre a Cristo, presentándolo a todos, como había hecho el concilio Vaticano II, como respuesta a las expectativas del hombre, expectativas de libertad, de justicia y de paz. Cristo es el Redentor del hombre -solía repetir-, el único Salvador auténtico de cada persona y de todo el género humano.

Durante los últimos años, el Señor lo fue despojando gradualmente de todo, para asimilarlo plenamente a sí. Y cuando ya no podía viajar, y después ni siquiera caminar, y al final tampoco hablar, su gesto, su anuncio se redujo a lo esencial: a la entrega de sí mismo hasta el fin. Su muerte fue la culminación de un testimonio coherente de fe, que tocó el corazón de numerosos hombres de buena voluntad. Juan Pablo II nos dejó un sábado, día dedicado en particular a María, hacia la que siempre profesó una devoción filial. A la Madre celestial de Dios le pedimos ahora que nos ayude a atesorar todo lo que nos dio y enseñó este gran Pontífice.

[Después del Ángelus] Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española... Que la intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, bajo cuya protección puso su vida y pontificado nuestro querido y recordado Juan Pablo II, nos prepare a vivir intensamente esta última semana de Cuaresma, haciendo de nuestras comunidades recintos de verdad y caridad, de paz y esperanza para todos.






SAN JUAN PABLO II
 Papa de 1978 a 2005.
 Karol Józef Wojtyla nació en Wadowice (Polonia) el año 1920. Durante la ocupación nazi tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química. Estudió en las universidades de Cracovia, Roma y Lublin. Se ordenó de sacerdote en 1946 y en 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia. Participó en el Concilio Vaticano II. Elegido papa el 16 de octubre de 1978, tomó el nombre de Juan Pablo II. Ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero. Realizó muchos viajes apostólicos. Celebró innumerables encuentros con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones. Su amor a los jóvenes le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud. Su atención hacia la familia se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994. Promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones. Para mostrar al pueblo ejemplos de santidad de hoy, declaró 1338 beatos y 482 santos. Publicó incontables documentos, reformó el Código de Derecho Canónico. Falleció el 2 de abril de 2005 y fue canonizado el 27-IV-2014. Su memoria se celebra el 22 de octubre.





SAN FRANCISCO DE PAULA.  
Nació en Paula (Calabria, Italia) el año 1416 de familia humilde. Cumpliendo el voto que 
habían hecho sus padres si tenían un hijo, vistió durante dos años el hábito de san Francisco de Asís. Más tarde fundó una congregación de vida eremítica que después se transformó en la Orden de los Mínimos, de vida religiosa en comunidad. Fundó también, más adelante, la Segunda y la Tercera Orden. Él, que había crecido rodeado de privaciones, era un hombre muy austero y quiso para su Orden un estilo de vida estricto y severo. Atendía a los pobres y enfermos con gran caridad, y tuvo fama de taumaturgo. No dudó en denunciar las injusticias que se cometían con los pobres. Cumpliendo órdenes del papa Sixto IV marchó a Francia donde pasó quince años atendiendo espiritualmente a los reyes Luis XI y Carlos VIII, viviendo en pobreza y humildad, predicando al pueblo y fundando numerosos conventos. Murió en Tours (Francia) el 2 de abril de 1507.- 
Oración: Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a san Francisco de Paula a la gloria de tus santos, concédenos, por su intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 

Oremos Nuestra oracion al Espiritu Santo
(San Agustin rezaba esta oracion al comenzar la jornada todos los dias)


Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior
para que no me apegue a las cosas materiales,
sino que busque siempre las realidades del Espíritu. Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de amor:
haz que mi corazón
siempre sea capaz de más caridad. Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad
en toda su plenitud. Ven a mí, Espíritu Santo,
agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar
a contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría sin fin.
Amén. 


No hay comentarios: