A todos los sacerdotes, transfórmalos en Ti, Señor. Que el Espíritu Santo los posea, y que por ellos renueve la faz de la tierra.

miércoles, 18 de octubre de 2017

"Orad, orad, orad... orad unidas para que, con la gracia que Dios ha derramado sobre vosotras, se alivien la tibieza y la frialdad de mis almas consagradas. Os pido de corazón, orad. El tiempo se aproxima. OS CUBRO CON MI MANTO. "

Maria Madre de las Almas Consagradas


Primera aparición de la Santísima Virgen

Colectiva para el grupo de las hermanas y familia Padrón

Llegó así el día 6 de febrero de 1993, sábado

En la tarde la familia Padrón acudió a la residencia religiosa de las Siervas de Jesús, porque el día anterior, viernes, tal como correspondía, al Ing. Padrón le había resultado materialmente imposible venir a la adoración y manifestó que deseaban hacerla en este día sábado, para no perder el ritmo semanal.

Cuenta el Ing. Padrón, que ese día toda la familia había sentido la necesidad de ir a orar como siempre y por tanto no tuvieron empacho alguno en pedir el permiso para acudir ese sábado, en sustitución de la falta del viernes

La hermana Clara les concedió la autorización sin problema alguno.

Como todavía era temprano y mientras llegaba el momento del inicio de la hora santa, se detuvieron a conversar un tanto. La hermana Mary Carmen pensó dentro de sí algo molesta'

-" Esta familia viene siempre a quitarle el tiempo a uno "-

Durante la hora santa el Ing. Padrón observó que la imagen del Sagrado Corazón de Jesús de la capillita resplandecía en forma extraña, rodeada de una especie de color azul celeste; a esto se añadía olor a incienso, rosas y nardos, en ese orden. A un cierto momento comenzó a sudar mucho, a pesar de la temperatura, que en este mes del año es particularmente baja y de pronto escuchó (y no sabe explicar cómo) una voz suave y tierna de mujer que decía:

“ SOY MARIA, LA MADRE DE DIOS, LA MADRE DE ESTAS HIJAS TAN QUERIDAS Y LA MADRE DE TODOS. HE VENIDO AQUÍ, A ESTE BOSQUECITO, A ESTE JARDIN, A ESTA CASA DE RECOGIMIENTO Y DE ORACION, DONDE ESTÁ MI HIJO MUY AMADO. ESTA NOCHE ESTARE CON USTEDES, TODOS PODRAN VERME, LES ACOMPAÑARÉ TODA LA NOCHE Y ME MANIFESTARE HASTA EL AMANECER. HIJITAS MUY QUERIDAS: ALE­GRENSE EN EL SEÑOR YA QUE LOS PRODIGIOS DE MI HIJO JESUS LAS RODEARAN, EL SEÑOR HA ELEGIDO LAS MAS PEQUEÑAS Y ASI RECIBIRAN MIS MENSAJES MIS HIJOS E HIJAS CONSAGRADAS EN TODO EL MUNDO “

Mientras escuchaba las palabras el Ing. Padrón las repetía en voz alta como efecto de un imperativo que no sabia explicarse. La cara de sorpresa de su esposa e hijos era tal que al finalizar la hora santa y mientras las hermanas se dirigían hacia la cocina por el corredor, la esposa le reclamó entre sorprendida y molesta la razón de tal despropósito.

"¿Por qué dijiste esas cósase Le dijo al esposo con evidente molestia. A lo que respondió el Ing. Padrón:

"Quédate tranquila y esperemos".

No obstante él mismo se preguntaba a sí mismo qué es lo que había ocurrido y su desconcierto era aún mayor que el de ellos. Pero a pesar de todo sentía simultáneamente una gran segundad.

Hacia las 6:10 p.m., los Padrón dieron inicio al ensayo de cánticos a la Virgen acompañados del teclado. Se habían colocado alrededor de un mesón que estaba en el pasillo corredor cerca de la cocina. Desde allí se podía visualizar perfectamente la explanada jardín de la casa religiosa.

Unos minutos más tarde, una ingente bandada de pájaros se posó en las ramas de los árboles más cercanos del bosque y se pusieron a trinar en un tono muy intenso; y era tanto el alboroto que los que ensayaban dejaron de cantar y al instante los pájaros suspendieron sus trinos. Se repitió vanas veces hasta que decidieron no tomarlos en cuenta.

Entonces la familia Padrón invitó a las hermanas, que estaban en el recinto de la cocina a unos pasos, para que participaran en el ensayo y ellas aceptaron gustosas. Además de la superiora hermana Clara, se hizo presente la hermana Clara, una de las dos jóvenes Por razones de un viaje a la ciudad de Valencia la hermana Consuelo, que pertenecía al grupo de las dos de más edad junto con la superiora, no estaba presente ese día.



La hermana Mary Carmen se había apartado del grupo, después de terminada la hora santa, presa de un cierto desagrado; por lo cual no estaba presente con las demás hermanas cuando se sumaron al coro de los Padrón.

Ya cerca de las 7:00 p.m., la hermana Clara pidió que llamaran a la hermana Mary Carmen para que las acompañara en el ensayo de estas bellas canciones para la Santísima Virgen, aprovechando que el Ing. Padrón había traído el teclado. Ella por supuesto obedeció prontamente pero dentro de sí continuaba sintiendo que le resultaba un tanto incómodo y desagradable estar ahí. La usurpación que esta familia había hecho del tiempo de las hermanas no era de su agrado.

De canción en canción el tiempo caminó lentamente hasta las 7-30 p.m., aproximadamente.

A esa hora de las 7:30 el Ing. Padrón, que estaba de frente al jardín, porque todos los demás se habían colocado sentadas y de espaldas, como cuando un di­rector dirige un coro, pudo notar una luz azulada, simi­lar a la que emite un flash de cámara fotográfica. Esa luz duró alrededor de 20 segundos y luego apareció una imagen de la Santísima Virgen, muy similar a la de Fátima. Era una imagen viva por el movimiento ondulado del manto y de la túnica al paso del viento suave.

Como los presentes estaban de espaldas no observa­ron nada. Así que el Ing. Padrón, como reponiéndose de la sorpresa y sin saber como reaccionar, les dirigió a todos estas palabras:



"¿Qué harían ustedes si se presentara la Virgen en este lugar?".



Las hermanas y los integrantes de la familia del Ing. Padrón se sonrieron con cierto aire de desconcierto por lo extemporáneo e intempestivo de la pregunta Pero ante la insinuación de que voltearan y vieran, todos volvieron el torso y fueron capaces de admirar la manifestación de la Santísima Virgen.

Estaba majestuosamente colocada cerca de un caminito hacia el bosque, que entonces tenía una baranda verde de madera La Virgen estaba de pie y a unos dos metros de altura del suelo, sobre una mata de cambur

De inmediato todos se levantaron y quedaron mirando fijamente hacia donde se manifestaba la Santísima Virgen. Luego caminaron en grupo hasta el primer rosal en dirección hacia la aparición.

La hermana Mary Carmen exclamó al llegar a este punto "¡Madre mía!” pensando dentro de sí misma que realmente se trataba de la Santísima Virgen, pero al instante la avasalló una duda muy intensa acerca de la realidad de lo que estaba contemplando Al querer avanzar escuchó una voz firme que le ordenaba- " ¡ no vayas ¡ ".

El Ing. Padrón oyó proferir luego a la hermana Mary Carmen una exclamación extraña: "¡Déjame¡ " como si ella tratara de quitarse de encima o de apartar de su lado algo molesto o dañino Y la hermana Mary Carmen, como un efecto de lo que estaba ocurriendo tanto fuera

como dentro de sí misma cayó sin conocimiento exactamente sobre el rosal.

Al instante las hermanas y la familia Padrón se apresuraron a auxiliarla. Pero la que estaba más cerca era la señora Marlene de Padrón y en consecuencia tuvo la oportunidad de recogerla y colocarla sobre sus piernas El desvanecimiento duró 8 minutos. En vista de que el desvanecimiento se estaba alargando exce­sivamente el Ing. Padrón preguntó a la superiora hermana Clara dónde se podría localizar un médico, pero casi de inmediato la hermana Mary Carmen recobró el conocimiento y acto seguido, sin pensarlo dos veces, se puso de rodillas con las manos juntas a nivel del pecho.

Es preciso observar que mientras la hermana Mary Carmen estaba fuera de sí, interiormente se vio avasallada por una tremenda lucha interior consigo misma Cuenta ella que la batalla estribaba en que por un lado sentía una poderosa inclinación a no creer en nada de lo que estaba ocurriendo y por otro deseaba salir corriendo y desaparecer del lugar

Cuando recobró la plena conciencia de sí misma se dio cuenta que estaba de rodillas y que la Santísima Virgen le estaba transmitiendo una gran paz interior, habiendo desaparecido la lucha interna acerca de la realidad de lo que estaba pasando.

La Santísima Virgen inició entonces una conver­sación con la Hermana Mary Carmen Las demás hermanas y los miembros de la familia Padrón sólo observaban los movimientos de labios, de manera alternada, tanto de la Santísima Virgen como los de la hermana Mary Carmen, sin escuchar absolutamente nada.

La Santísima Virgen se dignó, pues, entablar el diálogo exclusivamente con la hermana Mary Carmen y le transmitió mensajes y palabras íntimas que estaban destinadas únicamente a ella. Pero más tarde le indicó que le iba a entregar un mensaje, el primero de todos, que estaría dirigido a sus hermanas de la Congregación de las Siervas de Jesús.

Mientras la hermana Mary Carmen dialogaba con la Santísima Virgen pudo observarse que su hábito se transformaba en algo brillante por efecto de una iluminación particular que no se sabía de qué manera ocurría. Al terminar el diálogo privado entre la Santí­sima Virgen y la hermana, ésta, en voz audible, les indicó a todos los demás presentes:

"La Santísima Virgen pide que se arrodillen)

Todos obedecieron y se arrodillaron sobre la grama Decidieron rezar el santo rosario, de rodillas ante la Virgen que estaba ante sus ojos. En cada misterio se indicaba una intención particular. Antes del segundo misterio la hermana Mary Carmen expuso la intención "Por los Sacerdotes y por las Religiosas" Mientras hacia mención de la intención del misterio la Santísima Virgen giró la cabeza con un movimiento suave, con rostro sonriente, bajó sus brazos, los abrió, hizo una reverencia con el cuerpo y luego se reincorporó a la posición previa.

Al cuarto misterio el Ing. Padrón sugirió a la hermana Mary Carmen que repitiese la intención por los sacerdotes y religiosas y aquí la Santísima Virgen repitió las acciones y gestos de reverencia del segundo misterio, pero como dando las gracias.

Durante el rezo del santo rosario ocurrió un fenó­meno que les llamó mucho la atención: desde el manto de la Santísima Virgen se desprendió una luz muy brillante, algo así como una estrella que cayó al suelo y se partió en infinidad de trozos minúsculos, como escarchas

Este primer mensaje recibido en esta oportunidad por la hermana Mary Carmen de la Santísima Virgen es como sigue





"Hijas mías, estoy enviada por el amor que mi hijo Jesús siente por vosotras, con el mismo amor que una Madre siente por sus hijos.

Si hijitas, quiero tocar vuestros corazones y llenarlos de humildad y sencillez.

Os pido que os unáis en oración; que todas seáis una, que renovéis el espíritu de Fe.

Recordad lo que mi Hijo os dijo: "QUE OS AMÉIS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO

Dios Padre ha puesto en vuestras manos el carisma de la Eucaristía y del Sacerdocio. Os pido fidelidad a este compromiso y renovación del espíritu de la Congregación.

Hijitas mías, las cosas del mundo se quedan en este mundo y las cosas que se hacen por amor a Dios suben llevadas por MI INMACULADO CORAZON.

Orad, orad, orad... orad unidas para que, con la gracia que Dios ha derramado sobre vosotras, se alivien la tibieza y la frialdad de mis almas consagradas. Os pido de corazón, orad. El tiempo se aproxima. OS CUBRO CON MI MANTO.

OS TENGO EN MI CORAZÓN.”


Cuenta la hermana Mary Carmen que después de haberle dictado el mensaje la misma Santísima Virgen se dignó aconsejarla con relación a una pregunta que le harían posteriormente muchas personas' "¿Como viste a la Virgen? ¿ Cómo era ella?"

La Santísima Virgen le sugirió que respondiese de esta manera'

" La vi con un traje azul y blanco muy hermoso y no tengo palabras para describir su hermosura, no hay nadie en el mundo como Ella "

La hermana Mary Carmen escribe esto en sus apuntes "Sí, la vi Y este mensaje es de ella Quien mega al hijo mega a la madre Quien mega a su madre, mega al hijo"

Después del mensaje la Santísima Virgen pidió a los que estaban junto a Mary Carmen que se arrodillaran una vez más, porque los quería bendecir. Al terminar la bendición la hermana interlocutora se levantó y se dirigió a la capilla sin dirigir la mirada a nadie

Transcurrido un corto espacio de tiempo regresó al mismo lugar anterior y se quedó embelesada, admirando el manto blanco y resplandeciente, todo iluminado, del cual caían estrellas al suelo, mientras la mirada de la Santísima Virgen se dirigía tanto hacia el cielo como hacia la capillita donde estaba el sagrario La Virgen tenia a su lado una corona de flores.

Hacia medianoche la Santísima Virgen todavía estaba presente mientras las hermanas y los demás con­tinuaban orando y como embelesados por la Santísima Virgen

La hermana Clara, superiora, tocó entonces una campanita y pidió a todos que se dirigieran hacia el comedor para hacer una cena frugal, no fuera que alguno se mareara, ya que desde el almuerzo no habían probado bocado.

La hermana Mary Carmen le contestó a la superiora que realmente no tenia ningún apetito y por esa razón se abstuvo de acompañar al resto que se dirigió al comedor con la superiora Entonces la Santísima Virgen tuvo la gentileza de reprenderla mediante una acción adoctrinadora. La Virgencita dio media vuelta y se colocó de espaldas De esta manera parecía demostrar su desagrado por la decisión errada de la hermana Mary Carmen. Y ésta entendió el mensaje: la voz de la obediencia es la voz de Dios, así que se apresuró a caminar hacia el comedor.

Por supuesto la comida no le pasaba, tanto que se sentía ahogada, tratando por cierto de ayudarse en la tarea con sorbos de agua



Terminada la cena regresaron todos, incluida la hermana Mary Carmen. La Virgen había retomado ya a la disposición primera, es decir estaba una vez más mirando de frente.

El Ing. Padrón en este momento, después de orar un poco sintió para sus adentros que su permanencia y la de su familia en este santo lugar tenía que darse por terminada, porque intuía que la aparición estaba destinada a las religiosas, ya era muy tarde y se trataba además de una casa religiosa. Así que con la familia entera se retiró del lugar no sin pesar por tener que obrar de esta manera.

Hacia la una de la madrugada la superiora, hermana Clara, consideró oportuno ordenar a las otras dos religiosas, hermana Clara y hermana Mary Carmen que fueran a dormir y descansar a sus respectivos cuartos. La hermana Mary Carmen pensó que hubiera sido mejor quedarse allí toda la noche, pero la orden de la superiora exigía obediencia y recordó la amonestación de la Virgen cuando lo de la cena. Así que se retiró con gran pesar. Se despidió de Jesús en el Sagrado como siempre lo hacia acercándose a la capillita y le dio las gracias por haberles concedido el gran don de haber enviado a su Santa Madre. Cuando la hermana Mary Carmen llegó a su cuarto se vio sorprendida por un gratísimo olor a esencia de rosas que impregnaba toda la habitación. Llena de júbilo y de agradecimiento no pudo menos que exclamar: "Gracias, madrecita querida. Estás aquí.

Comunicacion del Grupo de oracion Arca San Juan Pablo II con la Hermana Clara Montilla testigo ocular  de la Santisima Virgen Maria Madre de las Almas Consagradas.


Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios de tu Reino a la gente sencilla. Aleluya.

Evangelio según san Lucas 10,1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»

Palabra del Señor


Salmo 144

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
 
Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
 
Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado


El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente.  
Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado
salmo 109

Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.  

Oráculo del Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies".
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos.
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

"Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora".
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

 
SAN LUCAS, evangelista. 
Originario de Antioquía de Siria y nacido de familia pagana, se convirtió a la fe y acompañó al apóstol San Pablo, de cuya predicación es reflejo el Evangelio que escribió, a partir del segundo viaje del Apóstol, quien le llama «mi querido médico». Nos transmitió en otro libro, denominado Hechos de los Apóstoles, los primeros pasos de la vida de la Iglesia desde la Ascensión del Señor hasta la prisión de Pablo en Roma. Tras el martirio de Pablo, dejó la ciudad eterna, perdiéndose sus huellas. Es patrono de los médicos (junto con San Cosme y San Damián) y también de los pintores porque, aparte la leyenda según la cual habría pintado la imagen o icono de María, es el evangelista que mejor ha trazado la fisonomía de la Virgen. El evangelio de Lucas es el evangelio del rostro misericordioso del Padre, el de Jesús amigo de los pecadores, el de la preferencia de Dios por los pobres, el de la comunión y el universalismo cristiano.- 

Oración: Señor y Dios nuestro, que elegiste a san Lucas para que nos revelara, con su predicación y sus escritos, tu amor a los pobres, concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
.

 SAN PABLO DE LA CRUZ, fundador de los Pasionistas. 
Murió el 18 de octubre y su memoria se celebra el 19 del mismo mes.
 Nació en Ovada (Liguria, Italia) el año 1694. De joven fue soldado y ayudó a su padre en su profesión de mercader. Movido por el deseo de perfección, renunció a todo y comenzó a servir a pobres y enfermos, a la vez que se mortificaba con duras penitencias. En 1720 el obispo de Alessandria lo revistió de la túnica negra de los ermitaños, y se retiró a Castellazzo. Ordenado de sacerdote en Roma el año 1727, trabajó con intensidad creciente por la salvación de las almas, fundando casas de su congregación, en la que se conciliaba la vida eremítica con la predicación apostólica. Fue misionero popular, director de almas, propagador de la devoción a la Pasión del Señor. En una sociedad escéptica como la suya, volvió a poner en primer plano el misterio de la Cruz. En 1771 se abrió la primera casa de las religiosas pasionistas. Murió en Roma el 18 de octubre de 1775.- 

Oración: Concédenos, Señor, que san Pablo de la Cruz, cuyo único amor fue Cristo crucificado, nos alcance tu gracia, para que, estimulados por su ejemplo, nos abracemos con fortaleza a la cruz de cada día. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén


Invoquemos a Dios Padre, que nos ha llamado a la fe verdadera por medio del Evangelio de su Hijo.

-Para que la Iglesia, aleccionada por san Lucas, sepa llevar el Evangelio de Cristo a los hombres de cada tiempo y lugar, de cualquier lengua y cultura.

-Para que los pobres, los marginados, los pecadores, todos los que sufren, puedan reconocer en nuestras palabras y obras el rostro compasivo de Cristo.

-Para que los cristianos, que hemos recibido el don de la fe, seamos testigos del mensaje de Jesús en nuestro entorno.

-Para que todos permanezcamos abiertos y atentos, como María, a la escucha de la palabra de Dios, y la cumplamos en nuestra vida.

Oración: Escucha, Padre, las súplicas que te dirigimos con confianza en la festividad del evangelista san Lucas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

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martes, 19 de septiembre de 2017

Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.

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Evangelio según san Lucas 7, 11-17 


En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre. Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: "No llores".
Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús:
"Joven, yo te lo mando: levántate".
Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo:"Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.




salmo 100

Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.

Voy a cantar la bondad y la justicia; para ti, Señor, tocaré mi música. Voy a explicar el camino perfecto. ¿Cuándo vendrás a mí?
Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.

Quiero proceder en mi casa con recta conciencia. No quiero ocuparme de asuntos indignos, aborrezco las acciones criminales.
Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.
Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar; al altanero y al ambicioso no los soportaré.
Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.

Escojo a gente de fiar para que vivan conmigo; el que sigue un camino perfecto será mi servidor.
Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.


Dios de poder y misericordia, que infundiste tu fuerza san Jenaro para que pudiera soportar el dolor del martirio; concede a los que hoy celebramos su victoria vivir defendidos de los engaños del enemigo bajo tu protección amorosa.
Por nuestro señor Jesucristo... Amén.
 

 

Salmo 125

Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.

Hasta los gentiles decían: "El Señor ha estado grande con ellos". El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.

Que el Señor cambie nuestra suerte como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas.
Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares



SAN JENARO. 
Fue obispo de Benevento (Campania, Italia). A principios del siglo IV, hacia el año 305, durante la persecución de Diocleciano, sufrió el martirio juntamente con otros seis cristianos en Pozzuoli, cerca de Nápoles, donde se le tiene una especial devoción. Tenemos pocos datos históricos de su vida. Según la tradición, después de que sufriera en vano otros tormentos, fue decapitado en el estadio de Pozzuoli, y su sangre, recogida en dos ampollas, fue trasladada a Nápoles junto con el cuerpo del santo. El culto a san Jenaro se ha acentuado por el fenómeno, atestiguado desde finales del siglo XIV, de esa sangre que se licua normalmente cuatro veces al año en diversas fechas.- 
 Oración: Tú que nos concedes, Señor, venerar la memoria de tu mártir san Jenaro, otórganos también la gracia de gozar de su compañía en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



De la carta de san Francisco a un ministro: «En esto quiero conocer si amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo: que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después de ver tus ojos, se marche sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos» (CtaM 9-11)





Oremos a Dios Padre, que en Cristo nos muestra todo su amor y paciencia.

-Para que la Iglesia sea signo de la misericordia de Dios en medio el mundo, por su espíritu de perdón, de reconciliación y de acogida.

-Para que nuestra sociedad, que fomenta el pecado y se muestra intransigente con los débiles y con los culpables, reconozca sus propias culpas y se convierta.

-Para que, en la administración de justicia, y también en nuestro trato con los demás, prevalezca el espíritu de clemencia sobre el rigor excesivo.

-Para que aprendamos que el amor de Dios es más fuerte que todas nuestras culpas.

Oración: Señor, Dios nuestro, escucha nuestras súplicas, ten compasión de nosotros y concédenos el gozo de tu perdón. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,10-14).





























INCLINA MI CORAZÓN A TUS PRECEPTOS
San Roberto Belarmino,
Tratado sobre la ascensión de la mente hacia Dios (Grado 1)


Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia. ¿Quién que haya empezado a gustar, por poco que sea, la dulzura de tu dominio paternal, dejará de servirte con todo el corazón? ¿Qué es, Señor, lo que mandas a tus siervos? Cargad -nos dices- con mi yugo. ¿Y cómo es este yugo tuyo? Mi yugo -añades- es llevadero y mi carga ligera. ¿Quién no llevará de buena gana un yugo que no oprime, sino que halaga, y una carga que no pesa, sino que da nueva fuerza? Con razón añades: Y encontraréis vuestro descanso. ¿Y cuál es este yugo tuyo que no fatiga, sino que da reposo? Por supuesto, aquel mandamiento, el primero y el más grande: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. ¿Qué más fácil, más suave, más dulce que amar la bondad, la belleza y el amor, todo lo cual eres tú, Señor, Dios mío?

¿Acaso no prometes además un premio a los que guardan tus mandamientos, más preciosos que el oro fino, más dulces que la miel de un panal? Por cierto que sí, y un premio grandioso, como dice Santiago: La corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. ¿Y qué es esta corona de la vida? Un bien superior a cuanto podamos pensar o desear, como dice san Pablo, citando al profeta Isaías: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.

En verdad es muy grande el premio que proporciona la observancia de tus mandamientos. Y no sólo aquel mandamiento, el primero y el más grande, es provechoso para el hombre que lo cumple, no para Dios que lo impone, sino que también los demás mandamientos de Dios perfeccionan al que los cumple, lo embellecen, lo instruyen, lo ilustran, lo hacen en definitiva bueno y feliz. Por esto, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para tu eterna salvación, comprenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso; si no lo alcanzas, serás un desdichado.

Por consiguiente, debes considerar como realmente bueno lo que te lleva a tu fin, y como realmente malo lo que te aparta del mismo. Para el auténtico sabio, lo próspero y lo adverso, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad, los honores y los desprecios, la vida y la muerte son cosas que, de por sí, no son ni deseables ni aborrecibles. Si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son cosas buenas y deseables; de lo contrario, son malas y aborrecibles.


FRANCISCANOS.ORG


Dijo Jesús a la Samaritana: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?». Jesús le contesta: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,10-14)

 
Oremos al Señor, nuestro Dios, fuente del agua viva.

-Por todos los que nos llamamos cristianos: para que se despierte en nosotros, como en la mujer samaritana, la sed de profundizar en la fe.

-Por los que no conocen el don de Dios y buscan insaciablemente: para que descubran el surtidor de agua viva, que salta hasta la vida eterna.

-Por los que se sienten saciados y tienen embotada su sensibilidad: para que se despierte en ellos el hambre del otro pan y la sed del agua que colma toda sed.

-Por cuantos queremos vivir la Cuaresma: para que conozcamos más y mejor el don de Dios, la persona de Cristo, y aprendamos a ver la vida de un modo nuevo.

Oración: Señor, Dios nuestro, por medio de tu Hijo diste a la samaritana el agua de la vida; atiende a nuestras súplicas, danos de beber y derrama sobre nosotros el agua del Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

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"Sí, Dios tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor. Como un padre bueno y misericordioso, desea para nosotros todo el bien posible, y este bien es él mismo. En cambio, la mujer samaritana representa la insatisfacción existencial de quien no ha encontrado lo que busca: había tenido «cinco maridos» y convivía con otro hombre; sus continuas idas al pozo para sacar agua expresan un vivir repetitivo y resignado. Pero todo cambió para ella aquel día gracias al coloquio con el Señor Jesús, que la desconcertó hasta el punto de inducirla a dejar el cántaro del agua y correr a decir a la gente del pueblo: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?»
(Jn 4,28-29).

Queridos hermanos y hermanas, también nosotros abramos el corazón a la escucha confiada de la palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a Jesús que nos revela su amor y nos dice: el Mesías, tu Salvador, «soy yo: el que habla contigo»
(Jn 4,26). Nos obtenga este don María, la primera y perfecta discípula del Verbo encarnado.
Invito a todos a dejar que Cristo entre en nuestro corazón, como hizo la samaritana de que nos habla el evangelio de hoy, y a la que Jesús iluminó la vida y mostró el agua que apaga la sed más profunda.
DIÁLOGO ENTRE JESÚS Y LA SAMARITANA -Benedicto XVI, Ángelus del 24 de febrero de 2008

lunes, 4 de septiembre de 2017

DIA DE LA VIDA CONSAGRADA





























Vida Consagrada

"Una Vida consagrada Pobre para los Pobres"

Entrevista a la hermana Mercedes Sanchez Casas


PASTORAL CARMELITA VOCACION


"..Poner a Jesús en medio de su pueblo, es asumir y querer ayudar a cargar la cruz de nuestros hermanos. Es querer tocar las llagas de Jesús en las llagas del mundo, que está herido y anhela, y pide resucitar."..
 



FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
XXI JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana
Jueves 2 de febrero de 2017




Cuando los padres de Jesús llevaron al Niño para cumplir las prescripciones de la ley, Simeón «conducido por el Espíritu» (Lc 2,27) toma al Niño en brazos y comienza un canto de bendición y alabanza: «Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos; luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,30-32). Simeón no sólo pudo ver, también tuvo el privilegio de abrazar la esperanza anhelada, y eso lo hace exultar de alegría. Su corazón se alegra porque Dios habita en medio de su pueblo; lo siente carne de su carne.

La liturgia de hoy nos dice que con ese rito, a los 40 días de nacer, el Señor «fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente» (Misal Romano, 2 de febrero, Monición a la procesión de entrada). El encuentro de Dios con su pueblo despierta la alegría y renueva la esperanza.

El canto de Simeón es el canto del hombre creyente que, al final de sus días, es capaz de afirmar: Es cierto, la esperanza en Dios nunca decepciona (cf. Rm 5,5), Él no defrauda. Simeón y Ana, en la vejez, son capaces de una nueva fecundidad, y lo testimonian cantando: la vida vale la pena vivirla con esperanza porque el Señor mantiene su promesa; y será, más tarde, el mismo Jesús quien explicará esta promesa en la Sinagoga de Nazaret: los enfermos, los detenidos, los que están solos, los pobres, los ancianos, los pecadores también son invitados a entonar el mismo canto de esperanza. Jesús está con ellos, él está con nosotros (cf. Lc 4,18-19).

Este canto de esperanza lo hemos heredado de nuestros mayores. Ellos nos han introducido en esta «dinámica». En sus rostros, en sus vidas, en su entrega cotidiana y constante pudimos ver como esta alabanza se hizo carne. Somos herederos de los sueños de nuestros mayores, herederos de la esperanza que no desilusionó a nuestras madres y padres fundadores, a nuestros hermanos mayores. Somos herederos de nuestros ancianos que se animaron a soñar; y, al igual que ellos, hoy queremos nosotros también cantar: Dios no defrauda, la esperanza en él no desilusiona. Dios viene al encuentro de su Pueblo. Y queremos cantar adentrándonos en la profecía de Joel: «Derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y visiones» (3,1).

Nos hace bien recibir el sueño de nuestros mayores para poder profetizar hoy y volver a encontrarnos con lo que un día encendió nuestro corazón. Sueño y profecía juntos. Memoria de cómo soñaron nuestros ancianos, nuestros padres y madres y coraje para llevar adelante, proféticamente, ese sueño.

Esta actitud nos hará fecundos a los consagrados, pero sobre todo nos protegerá de una tentación que puede hacer estéril nuestra vida consagrada: la tentación de la supervivencia. Un mal que puede instalarse poco a poco en nuestro interior, en el seno de nuestras comunidades. La actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, hacia las gestas gloriosas —pero pasadas— que, lejos de despertar la creatividad profética nacida de los sueños de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas. La psicología de la supervivencia le roba fuerza a nuestros carismas porque nos lleva a domesticarlos, hacerlos «accesibles a la mano» pero privándolos de aquella fuerza creativa que inauguraron; nos hace querer proteger espacios, edificios o estructuras más que posibilitar nuevos procesos. La tentación de supervivencia nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar. Ese ambiente de supervivencia seca el corazón de nuestros ancianos privándolos de la capacidad de soñar y, de esta manera, esteriliza la profecía que los más jóvenes están llamados a anunciar y realizar. En pocas palabras, la tentación de la supervivencia transforma en peligro, en amenaza, en tragedia, lo que el Señor nos presenta como una oportunidad para la misión. Esta actitud no es exclusiva de la vida consagrada, pero de forma particular somos invitados a cuidar de no caer en ella.

Volvamos al pasaje evangélico y contemplemos nuevamente la escena. Lo que despertó el canto en Simeón y Ana no fue ciertamente mirarse a sí mismos, analizar y rever su situación personal. No fue el quedarse encerrados por miedo a que les sucediese algo malo. Lo que despertó el canto fue la esperanza, esa esperanza que los sostenía en la ancianidad. Esa esperanza se vio recompensada en el encuentro con Jesús. Cuando María pone en brazos de Simeón al Hijo de la Promesa, el anciano empieza a cantar, hace una verdadera “liturgia”, canta sus sueños. Cuando pone a Jesús en medio de su pueblo, este encuentra la alegría. Y sí, sólo eso podrá devolvernos la alegría y la esperanza, sólo eso nos salvará de vivir en una actitud de supervivencia. Sólo eso hará fecunda nuestra vida y mantendrá vivo nuestro corazón. Poniendo a Jesús en donde tiene que estar: en medio de su pueblo.

Todos somos conscientes de la transformación multicultural por la que atravesamos, ninguno lo pone en duda. De ahí la importancia de que el consagrado y la consagrada estén insertos con Jesús, en la vida, en el corazón de estas grandes transformaciones. La misión —de acuerdo a cada carisma particular— es la que nos recuerda que fuimos invitados a ser levadura de esta masa concreta. Es cierto podrán existir «harinas» mejores, pero el Señor nos invitó a leudar aquí y ahora, con los desafíos que se nos presentan. No desde la defensiva, no desde nuestros miedos sino con las manos en el arado ayudando a hacer crecer el trigo tantas veces sembrado en medio de la cizaña. Poner a Jesús en medio de su pueblo es tener un corazón contemplativo capaz de discernir como Dios va caminando por las calles de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, en nuestros barrios. Poner a Jesús en medio de su pueblo, es asumir y querer ayudar a cargar la cruz de nuestros hermanos. Es querer tocar las llagas de Jesús en las llagas del mundo, que está herido y anhela, y pide resucitar.

¡Ponernos con Jesús en medio de su pueblo! No como voluntaristas de la fe, sino como hombres y mujeres que somos continuamente perdonados, hombres y mujeres ungidos en el bautismo para compartir esa unción y el consuelo de Dios con los demás.

Nos ponemos con Jesús en medio de su pueblo porque «sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que [con el Señor], puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo para unirse a otros»
(Exhort. ap. Evangelii gaudium, 87) no sólo hace bien, sino que transforma nuestra vida y esperanza en un canto de alabanza. Pero esto sólo lo podemos hacer si asumimos los sueños de nuestros ancianos y los transformamos en profecía.

Acompañemos a Jesús en el encuentro con su pueblo, a estar en medio de su pueblo, no en el lamento o en la ansiedad de quien se olvidó de profetizar porque no se hace cargo de los sueños de sus mayores, sino en la alabanza y la serenidad; no en la agitación sino en la paciencia de quien confía en el Espíritu, Señor de los sueños y de la profecía. Y así compartamos lo que no nos pertenece: el canto que nace de la esperanza.


Vatican.va

DIA DE LA VIDA CONSAGRADA




























Catequesis del papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera regresar sobre un tema importante: la relación entre la esperanza y la memoria, con particular referencia a la memoria de la vocación. Y tomo como ícono la llamada de los primeros discípulos de Jesús. En sus memorias se quedó tan marcada esta experiencia, que alguno registró incluso la hora: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39). El evangelista Juan narra el episodio como un nítido recuerdo de juventud, que se quedó intacto en su memoria de anciano: porque Juan escribió estas cosas cuando era anciano.

El encuentro había sucedió cerca del río Jordán, donde Juan Bautista bautizaba; y aquellos jóvenes galileos habían escogido al Bautista como guía espiritual. Un día llega Jesús, y se hizo bautizar en el río. Al día siguiente pasó de nuevo, y entonces el que bautizaba – es decir, Juan Bautista – dijo a dos de sus discípulos: «Este es el Cordero de Dios» (v. 36).

Y para estos dos fue la “luz”. Dejaron a su primer maestro y se pusieron en el seguimiento de Jesús. Por el camino, Él se gira hacia ellos y les plantea la pregunta decisiva: «¿Qué quieren?» (v. 38). Jesús aparece en los Evangelio como un experto del corazón humano. En ese momento había encontrado a dos jóvenes en búsqueda, sanamente inquietos. De hecho, ¿qué juventud es una juventud satisfecha, sin una pregunta de sentido? Los jóvenes que no buscan nada, no son jóvenes, son jubilados, han envejecido antes de tiempo. Es triste ver jóvenes jubilados. Y Jesús, a través de todo el Evangelio, en todos los encuentros que le suceden a lo largo del camino, se presenta como un “incendiario” de corazones. De ahí ésta pregunta que busca hacer emerger el deseo de vida y de felicidad que cada joven se lleva dentro: “¿Qué cosa buscas?”. Hoy quisiera preguntarles a los jóvenes que están aquí en la Plaza y a aquellos que nos escuchan a través de los medios de comunicación: “¿Tú, que eres joven, qué cosa buscas? ¿Qué cosa buscas en tu corazón?”.

La vocación de Juan y de Andrés comienza así: es el inicio de una amistad con Jesús tan fuerte que impone una comunión de vida y de pasiones con Él. Los dos discípulos comienzan a estar con Jesús y enseguida se transforman en misioneros, porque cuando termina el encuentro no regresan a casa tranquilos: tanto es así que sus respectivos hermanos – Simón y Santiago – son enseguida incluidos en el seguimiento. Fueron donde estaban ellos y les han dicho: “¡Hemos encontrado al Mesías, hemos encontrado a un gran profeta!”, dan la noticia. Son misioneros de ese encuentro. Fue un encuentro tan conmovedor, tan feliz que los discípulos recordaran por siempre ese día que iluminó y orientó su juventud.

¿Cómo se descubre la propia vocación en este mundo? Se puede descubrir de varios modos, pero esta página del Evangelio nos dice que el primer indicador es la alegría del encuentro con Jesús. Matrimonio, vida consagrada, sacerdocio: cada vocación verdadera inicia con un encuentro con Jesús que nos dona una alegría y una esperanza nueva; y nos conduce, incluso a través de pruebas y dificultades, a un encuentro siempre más pleno, crece, ese encuentro, más grande, ese encuentro con Él y a la plenitud de la alegría.

El Señor no quiere hombres y mujeres que caminan detrás de Él de mala gana, sin tener en el corazón el viento de la felicidad. Ustedes, que están aquí en la Plaza, les pregunto – cada uno responda a sí mismo – ustedes, ¿tienen en el corazón el viento de la felicidad? Cada uno se pregunte: ¿Yo tengo dentro de mí, en el corazón, el viento de la felicidad? Jesús quiere personas que han experimentado que estar con Él nos da una felicidad inmensa, que se puede renovar cada día de la vida. Un discípulo del Reino de Dios que no sea gozoso no evangeliza este mundo, es uno triste. Se convierte en predicador de Jesús no afinando las armas de la retórica: tú puedes hablar, hablar, hablar pero si no hay otra cosa. ¿Cómo se convierte en predicador de Jesús? Custodiando en los ojos el brillo de la verdadera felicidad. Vemos a tantos cristianos, incluso entre nosotros, que con los ojos te transmiten la alegría de la fe: con los ojos.

Por este motivo el cristiano –como la Virgen María– custodia la llama de su enamoramiento: enamorados de Jesús. Cierto, hay pruebas en la vida, existen momentos en los cuales se necesita ir adelante no obstante el frío y el viento contrario, no obstante tantas amarguras. Pero los cristianos conocen el camino que conduce a aquel sagrado fuego que los ha encendido una vez por siempre.

Y por favor, le pido: no escuchemos a personas desilusionadas e infelices; no escuchemos a quien recomienda cínicamente no cultivar la esperanza en la vida; no confiemos en quien apaga desde el inicio todo entusiasmo diciendo que ningún proyecto vale el sacrificio de toda una vida; no escuchemos a los “viejos” de corazón que sofocan la euforia juvenil. Vayamos donde los viejos que tienen los ojos brillantes de esperanza. Cultivemos en cambio, sanas utopías: Dios nos quiere capaces de soñar como Él y con Él, mientras caminamos bien atentos a la realidad. Soñar en un mundo diferente. Y si un sueño se apaga, volver a soñarlo de nuevo, recurriendo con esperanza a la memoria de los orígenes, a esas brazas que, tal vez después de una vida no tan buena, están escondidas bajo las cenizas del primer encuentro con Jesús.

Es esta pues, una dinámica fundamental de la vida cristiana: recordarse de Jesús. Pablo decía a su discípulo: “Recuérdate de Jesucristo” (2 Tim 2,8); este es el consejo del gran San Pablo: “Recuérdate de Jesucristo”. Recordarse de Jesús, del fuego de amor con el cual un día hemos concebido nuestra vida como un proyecto de bien, y a vivificar con esta llama nuestra esperanza. Gracias. 


(Trad. Renato Martinez-RV)+

sábado, 2 de septiembre de 2017

Él repite a sus amigos: «Vengan a mí todos los que estén cansados y agobiados, y yo les aliviaré. Carguen con mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,28-29). Santa Rosa respondió a esta invitación con conciencia plena y disponible; se dejó abrazar por Dios, segura de estar en las manos de un Padre, sostenida por una intensa piedad eucarística y mariana. ..Cardenal Tarcisio Bertone



 
Evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
"El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes.
A uno le dio cinco monedas; a otro, dos; y a un tercero, una, según la capacidad de cada uno y luego se fue.
El que recibió cinco monedas fue enseguida a negociar con ellas y ganó otras cinco.
El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otras dos. En cambio, el que recibió una moneda hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.
Se acercó el que había recibido cinco monedas y le presentó otros cinco, diciendo:
"Señor, cinco monedas me dejaste; aquí tienes otras cinco, que con ellas he ganado".
Su señor le dijo:
"Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor".
Se acercó luego el que había recibido dos monedas y le dijo:
"Señor, dos monedas me dejaste; aquí tienes otras dos, que con ellas he ganado".
Su señor le dijo:
"Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu Señor".
Finalmente, se acercó el que había recibido una moneda y le dijo:
"Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado.
Por esto tuve miedo y fui a esconder tu moneda bajo tierra.
Aquí tienes lo tuyo".
El señor le respondió:
"Siervo malo y perezoso.Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso,lo recibiera yo con intereses? Quítenle la moneda y dénsela al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene. Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación"".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.




salmo 97

Cantemos al Señor con alegría.

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
Cantemos al Señor con alegría.

Alégrense el mar y el mundo submarino, el orbe y todos los que en él habitan. Que los ríos estallen en aplausos y las montañas salten de alegría.
Cantemos al Señor con alegría.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
Cantemos al Señor con alegría








Presentemos a Dios nuestras súplicas en el nombre de Jesús, que intercede siempre en nuestro favor.

-Por la Iglesia, en la diversidad de comunidades e instituciones, para que manifieste a los ojos del mundo las riquezas del misterio de Cristo.

-Por las religiosas de vida contemplativa, para que, con su oración constante en la austeridad y el silencio, fecunden la actividad de la Iglesia.

-Por los religiosos y religiosas consagrados a los diversos ministerios eclesiales, para que sean testigos de la belleza y fecundidad del Evangelio.

-Por cuantos entregan su vida y sus bienes al servicio de los más necesitados, para que no desfallezcan y hagan patente la bondad del Padre.

-Por cuantos quieren seguir la llamada de Cristo, para que el Espíritu Santo los ilumine e impulse con la diversidad de sus dones.

Oración: Señor, Padre santo, concédenos desprendernos de cuanto nos impida seguir a tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén





San Pablo escribió a los Filipenses: -Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso (Flp 3,17-21).



“Pidamos a Santa Rosa su intercesión y ayuda para los tiempos que nos ha tocado vivir, para que América toda, siguiendo la huella de su patrona, siga encaminando por los senderos de la oración, penitencia y misericordia; que vivamos en la paz y amor, construyendo cada día el mundo que quiere Dios para todos nosotros; de justicia, de caridad, de convivencia, de orden, de respeto y libres de toda esclavitud”, dijo el Cardenal Vela Chiriboga este 30 de agosto en la Misa de clausura del Jubileo Arquidiocesano de Lima en honor a Santa Rosa realizada en el atrio de la Catedra de Lima.



aciprensa

SANTA ROSA DE LIMA.
 
Murió el 24 de agosto y su memoria se celebra el 23 del mismo mes. Nació en Lima (Perú), en el seno de una familia numerosa de origen español, el año 1586. Viviendo de niña en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y austeridad. Desde jovencita sintió deseos de abrazar la vida claustral en las clarisas, pero su madre se opuso y optó por permanecer virgen en el mundo. Por eso rehusó el matrimonio que sus padres le proponían y en 1606 tomó el hábito de la Orden Tercera de Santo Domingo. Su modelo fue santa Catalina de Siena. Construyó una especie de eremitorio en un rincón del jardín de su casa; se dedicó a la práctica de severas penitencias y gozó de alta contemplación y de experiencias místicas. También acomodó su casa para atender a los niños y a los ancianos abandonados, en especial los de origen indio. Ardió en celo por la salvación de los pecadores y de los indígenas, por los que se sometía a grandes sacrificios. Los últimos años de su vida los pasó con unos cónyuges muy religiosos que la querían de verdad. Murió en Lima el 24 de agosto de 1617.-  
Oración: Señor, Dios nuestro, tú has querido que santa Rosa de Lima, encendida en tu amor, se apartara del mundo y se consagrara a ti en la penitencia; concédenos, por su intercesión, que, siguiendo en la tierra el camino de la verdadera vida, lleguemos a gozar en el cielo de la abundancia de los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


De los escritos de santa Rosa de Lima

El divino Salvador, con inmensa majestad, dijo:

«Que todos sepan que la tribulación va seguida de la gracia; que todos se convenzan que sin el peso de la aflicción no se puede llegar a la cima de la gracia; que todos comprendan que la medida de los carismas aumenta en proporción con el incremento de las fatigas. Guárdense los hombres de pecar y de equivocarse: ésta es la única escala del paraíso, y sin la cruz no se encuentra el camino de subir al cielo».

Apenas escuché estas palabras, experimenté un fuerte impulso de ir en medio de las plazas, a gritar muy fuerte a toda persona de cualquier edad, sexo o condición:

«Escuchad, pueblos, escuchad todos. Por mandato del Señor, con las mismas palabras de su boca, os exhorto: No podemos alcanzar la gracia, si no soportamos la aflicción; es necesario unir trabajos y fatigas para alcanzar la íntima participación en la naturaleza divina, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta felicidad del espíritu».

El mismo ímpetu me transportaba a predicar la hermosura de la gracia divina; me sentía oprimir por la ansiedad y tenía que llorar y sollozar. Pensaba que mi alma ya no podría contenerse en la cárcel del cuerpo, y más bien, rotas sus ataduras, libre y sola y con mayor agilidad, recorrer el mundo, diciendo:

«¡Ojalá todos los mortales conocieran el gran valor de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites! Sin duda alguna, se entregarían, con suma diligencia, a la búsqueda de las penas y aflicciones. Por doquiera en el mundo, antepondrían a la fortuna las molestias, las enfermedades y los padecimientos, incomparable tesoro de la gracia. Tal es la retribución y el fruto final de la paciencia. Nadie se quejaría de sus cruces y sufrimientos, si conociera cuál es la balanza con que los hombres han de ser medidos».


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