A todos los sacerdotes, transfórmalos en Ti, Señor. Que el Espíritu Santo los posea, y que por ellos renueve la faz de la tierra.

sábado, 7 de enero de 2017

"En unión con tu Madre, venimos aquí para acompañarte y encontrarte como Amigo de nuestras almas y Luz de nuestras vidas. .."





Madre de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote,
fuente de reconciliación para el mundo,
derrama sobre nosotros su luz, su amor, su perdón.
Madre de la Vocación,
Madre de los sacerdotes;
hazlos puros, hazlos limpios,
vibrantes en la oración. Hazlos fuertes en la esperanza,
firmes en el amor ...
fuentes vivas, llamas nuevas, murallas de la ciudad de Dios.
Haz que sean santos  y sean sacerdotes según el Corazón de Jesús.
Amen



Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de Tu amor Envía Señor Tu Santo Espíritu…
Y renovarás la faz de la Tierra.


Señor Jesús, humildemente postrados ante Ti 
queremos presentarte nuestro homenaje de fe y de amor, de gratitud y de adoración, 
poniendo en tus manos todo lo que somos y tenemos. 
En unión con tu Madre, venimos aquí para acompañarte y encontrarte como Amigo de nuestras almas y Luz de nuestras vidas. 
Venimos a pedirte, en espíritu de profunda súplica, por el mundo, por todos los hombres, por tus sacerdotes y hombres y mujeres de vida consagrada. De manera muy especial, te imploramos que Tú, oh Señor y dueño de la mies, envíes numerosos y santos obreros para que cosechen lo que Tú mismo has sembrado en las almas.
 Necesitamos hombres que presten sus labios para hablamos de Ti, sus pies para recorrer todo el mundo predicando tu Evangelio, sus manos para bendecirnos, sus ojos para ver en ellos reflejada tu mirada de Padre amoroso. Te necesitamos, Señor. 
Te necesita el mundo y la Iglesia. Por eso, te lo pedimos con humildad, te lo rogamos con ardor, envíanos sacerdotes, depositarios de tu poder salvador; envíanos sacerdotes que sean luz en las tinieblas del mundo, sal que nos libre de la corrupción del mal y del pecado. Envía, Señor, obreros a tu mies.

Oremos
A todos tus sacerdotesDales tu ciencia y tus virtudes, Señor … 
          Te rogamos óyenos Dales paciencia, caridad, obediencia y benignidad …
Te rogamos óyenos 
 Dales amor al estudio y un intenso amor a la Eucaristía …
Te rogamos óyenos 
 Dales celo ardiente por las almas y fuego divino para que abrasen los corazones …
Te rogamos óyenos 
 Dales humildad, talento y respeto a su dignidad …
Te rogamos óyenos 
 Dales delicadeza en observar la rúbricas y en cuidar la celebración de los sacramentos …
Te rogamos óyenos 
 Dales grande sumisión al Santo Padre Francisco y a sus obispos …
Te rogamos óyenos 
 Dales horror a las cosas del mundo, dales rectitud y justicia …
Te rogamos óyenos 
 Dales un gran amor a María y a los santos …
Te rogamos óyenos 
 Dales el don de consejo, fortaleza en sus trabajo y un grande amor a la Cruz… 
Te rogamos óyenos
Dales resignación en sus penas, caridad universal con las almas y generosidad …

Te rogamos óyenos 
 Dales arrepentimiento de sus pecados, ansia de enmendar su vida, de ser sacerdotes según tu Corazón y de alcanzar la santidad …  
Te rogamos óyenos
 Padre Nuestro ,AveMaria, Gloria

 
Renueva en todos tus sacerdotes,
 en los fervorosos y en los abatidos, 
en los que luchan, 
en los que te aman con ardor, 
en los que han perdido la esperanza, 
el amor a Ti y a tu Iglesia. 
Que resplandezcan en sus vidas las virtudes de la pureza y la obediencia,
 la paciencia y la caridad, la dulzura y la comprensión, 
el celo ardiente por la salvación de las almas,
 la humildad y la sencillez. 
Danos sacerdotes según tu corazón.
Inspira y ayuda, Señor, 
a los sacerdotes que trabajan en los seminarios y casas de formación
 para que den a tu Iglesia santos, doctores, mártires, apóstoles, 
una nueva generación de testigos de Cristo inspirados 
de un nuevo ardor misionero para la nueva evangelización.
 Envíanos, Señor, sacerdotes santos. 
Te pedimos, Señor, por todos aquellos que consagran sus vidas
 a la pastoral vocacional para que en nombre de Cristo no dejen de lanzar 
las redes para dar a la Iglesia las vocaciones que necesita para cumplir 
con su misión. 
Necesitamos tus sacerdotes. Envíalos, Señor
.


















Te ofrecemos,
 ¡oh Padre!, en favor de las vocaciones religiosas 
y sacerdotales por las manos purísimas de María,
 la Sangre preciosa de Jesús, que purifica, redime y salva.
 Y Tú, Espíritu Santo, que tanto amas a la Iglesia y que eres su alma
 y su vida, dígnate escuchar las súplicas que hacemos por ellos. 
Te lo pedimos por María Inmaculada, auxilio, consuelo, espejo 
y guía de todos los Sacerdotes. Amén.
 





miércoles, 4 de enero de 2017

Evangelio según san Juan (1, 35-42)


En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. El se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?”
(Rabí significa ‘maestro’). El les dijo: “Vengan a ver”.
Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías”
(que quiere decir ‘el ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir, ‘roca’). Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


Ilumina, Señor, a tus hijos, y haz arder nuestros corazones con el esplendor de tu gloria, para que conozcamos cada vez más a nuestro salvador y podamos amarlo e imitarlo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.




Salmo 97

Toda la tierra ha visto al Salvador.

Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.

Toda la tierra ha visto al Salvador.

Alégrense el mar y el mundo submarino, el orbe y todos los que en él habitan. Que los ríos estallen en aplausos y las montañas salten de alegría.

Toda la tierra ha visto al Salvador.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.

Toda la tierra ha visto al Salvador.



salmo 22

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta.





A Cristo, Palabra eterna del Padre, manifestado en la carne, que nos llama a la conversión y nos garantiza la salvación, dirijamos nuestra plegaria:

-Por la santa Iglesia, para que todos sus hijos, por intercesión de María, renazcamos de continuo a una vida nueva.

-Por los pobres, los emigrantes y exiliados, los que sufren abandono y soledad, para que entrevean en nuestra caridad el rostro de Cristo y los brazos de la Madre.

-Por los cristianos desasosegados o atormentados por la conciencia, para que encontremos en el sacramento de la reconciliación los brazos del Padre pródigo en amor.

-Por los que celebramos el misterio de Navidad, para que lo estimemos todo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Jesús, Dios e hijo de María.

Oración: Dios todopoderoso, que tu Salvador, luz de redención que surge en el cielo, amanezca también en nuestros corazones y los renueve siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Toda la vida de María está penetrada de una profunda sencillez. Su vocación de Madre del Redentor se realizó siempre con naturalidad. Aparece en casa de su prima Isabel para ayudarla, para servirla durante aquellos meses; prepara para su Hijo los pañales y la ropa; vive treinta años junto a Jesús, sin cansarse de mirarlo, con un trato amabilísimo, pero con toda sencillez. Cuando en Caná alcanza de su Hijo el primer milagro, lo hace con tal naturalidad que ni siquiera los novios se dan cuenta del hecho portentoso. En ningún momento alardea de especiales privilegios: “María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo.

“—Aprende de Ella a vivir con “naturalidad”
San Josemaría Escrivá, Camino, n. 499.
 La sencillez y la naturalidad hicieron de la Virgen, en lo humano, una mujer especialmente atrayente y acogedora. Su Hijo, Jesús, es el modelo de la sencillez perfecta, durante treinta años de la vida oculta y en todo momento: cuando comienza a predicar la Buena Nueva no despliega una actividad ruidosa, llamativa, espectacular. Jesús es la misma sencillez cuando nace o es presentado en el Templo, o cuando manifiesta su divinidad por medio de milagros que solo Dios puede hacer.

El Salvador huye del espectáculo y de la vanagloria, de los gestos falsos y teatrales; se hace asequible a todos: a los enfermos desahuciados y a los más desamparados, que acuden confiadamente a Él para implorarle el remedio de sus dolencias; a los Apóstoles que le preguntan sobre el sentido de las parábolas; a niños que le abrazan con confianza.

La sencillez es una manifestación de la humildad. Se opone radicalmente a todo lo que es postizo, artificial, engañoso. Y es una virtud especialmente necesaria para el trato con Dios, para la dirección espiritual, para el apostolado y la convivencia con las personas con las que cada día hemos de relacionarnos.

“Naturalidad.
—Que vuestra vida de caballeros cristianos, de mujeres cristianas –vuestra sal y vuestra luz– fluya espontáneamente, sin rarezas ni ñoñerías: llevad siempre con vosotros nuestro espíritu de sencillez”.
Si tu ojo fuera sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado
Mt 6, 22.

  La sencillez exige claridad, transparencia y rectitud de intención, que nos preserva de tener una doble vida, de servir a dos señores: a Dios, y a uno mismo. La sencillez, además, requiere una voluntad fuerte, que nos lleve a escoger el bien, y que se imponga a las tendencias desordenadas de una vida exclusivamente sensitiva, y domine lo turbio y complicado que hay en todo hombre. El alma sencilla juzga de las cosas, de las personas y de los acontecimientos según un juicio recto iluminado por la fe, y no por las impresiones del momento Celaya, voz Sencillez.
Para aprender a ser sencillos contemplemos a Jesús, a María y a José en todas las escenas de la infancia del Señor, en medio de su vida corriente. Pidámosles que nos hagan como niños delante de Dios, para tratarle personalmente, sin anonimato, sin miedo
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fuente www.iesvs.org

 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza: guíame y condúceme por el honor de tu nombre. A tus manos, Señor, confío mi espíritu.



Evangelio
según san Mateo 10, 17-22 En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles:
"No se fíen de la gente, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; serán llevados por mi causa ante gobernadores y reyes, para que den testimonio ante ellos y ante los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo hablarán, ni de qué dirán. Dios mismo les sugerirá en ese momento lo que tienen que decir, pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu del Padre hablará a través de ustedes.
El hermano entregará a la muerte a su hermano y el padre a su hijo. Se levantarán hijos contra padres y los matarán. Todos los odiarán por mi causa, pero el que persevere hasta el final, ése se salvará".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor
Jesús. 

Dios nuestro, que concediste a san Esteban, protomártir, fortaleza para orar por sus verdugos, concédenos la gracia de imitarle y sepamos perdonar de corazón a cuantos nos hayan ofendido o causado algún mal.
Por nuestro Señor Jesucristo.Amén.


Hechos de los Apóstoles
6, 8-10; 7, 54-59

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada "de los Libertos", a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él, pero no podían contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba.
Oyendo sus palabras, los miembros del Consejo se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y exclamó:
"Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios".
Ellos, dando fuertes gritos, se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así:
"Señor Jesús, recibe mi espíritu".
Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte:
"Señor, no les tengas en cuenta este pecado".
Y dicho esto, murió.
Palabra de Dios, Te alabamos, Señor.




Sal 30, A tus manos, Señor, confío mi espíritu.

Sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza: guíame y condúceme por el honor de tu nombre.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.

A tus manos confío mi espíritu: tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás; pero yo confío en el Señor. Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.

Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, ¡sálvame, por tu amor! Al amparo de tu presencia los ocultas de las intrigas de los hombres.
A tus manos, Señor, confío mi espíritu.





Oremos a Dios Padre que ha proclamado por sus ángeles la gloria en el cielo, la paz en la tierra y la renovación en todo el universo:

-Por la santa Iglesia de Dios: para que al celebrar las fiestas de Navidad, todos sus fieles renazcan a una vida de justicia, de libertad, de amor y de paz.

-Por todas las naciones del mundo: para que reine en ellas la paz, la solidaridad y la hermandad que Cristo nos ha traído en su nacimiento.

-Por los pobres, los enfermos, los ancianos y por cuantos sufren: para que en estos días de Navidad sientan más, en quienes los rodean, la cercanía del Recién Nacido.

-Por todos los creyentes: para que san Esteban, que derramó su sangre por Cristo, perdonando a los que lo lapidaban, nos conceda fortaleza en la fe y capacidad para perdonarnos mutuamente.

Oración: Escucha, Padre, nuestras súplicas para que, consolados con la presencia de tu Hijo, no tengamos que temer ningún mal. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén




San Esteban
 protomártir o primer mártir cristiano. 
Fue uno de los siete diáconos elegidos por los Apóstoles, poco después de la Ascensión, para el servicio de la comunidad de Jerusalén. Lleno de gracia y poder, realizaba en medio del pueblo grandes prodigios y signos. Se levantaron unos de la sinagoga llamada de los Libertos y se pusieron a discutir con Esteban; pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. Amotinaron al pueblo, le prendieron y le condujeron al Sanedrín. Él les dirigió un discurso en el que defendió a la Iglesia, y concluyó diciendo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios». Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y diciendo esto expiró.- 
 Oración
Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir san Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
 


Meditacion Especial fuente www-iesvs.org

El Señor, cuando nos llama o nos pide algo, conoce bien nuestras limitaciones, y las dificultades que encontraremos en el camino. Jesús no deja de estar a nuestro lado cuando llega la hora de la dificultad, ayudándonos con su gracia: En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: Yo he vencido al mundo
, nos dice.  Jn 16, 33o

Nada nos debe extrañar si alguna vez en nuestro andar hacia la santidad hemos de sufrir alguna tribulación, pequeña o grande, por ser fieles a nuestro camino en un mundo con perfiles paganos. Pediremos entonces al Señor imitar a San Esteban en su fortaleza, en su alegría y en el afán de dar a conocer la verdad cristiana, también en esas circunstancias.
No es infrecuente que, en sociedades que se llaman libres, el cristiano tenga que vivir en un ambiente claramente adverso. Puede darse entonces la persecución solapada, con la ironía que trata de ridiculizar los valores cristianos o con la presión ambiental que pretende amedrentar a los más débiles: se trata de la dura persecución no sangrienta, que no infrecuentemente se vale de la calumnia y de la maledicencia. “En otros tiempos
–dice San Agustín– se incitaba a los cristianos a renegar de Cristo; ahora se enseña a los mismos a negar a Cristo. Entonces se impelía, ahora se enseña; entonces se usaba de la violencia, ahora de insidias; entonces se oía rugir al enemigo; ahora, presentándose con mansedumbre insinuante y rondando, difícilmente se le advierte. Es cosa sabida de qué modo se violentaba a los cristianos a negar a Cristo: procuraban atraerlos a sí para que renegasen; pero ellos, confesando a Cristo, eran coronados. Ahora se enseña a negar a Cristo y, engañándolos, no quieren que parezca que se los aparta de Cristo”San Agustín, Comentarios sobre salmos, 39, 1 .


También quiso prevenir el Señor a los suyos para que no se desconcertaran ante la contradicción que viene no ya de los paganos, sino de los mismos hermanos en la fe, que con esa actuación injusta, movida ordinariamente por envidias, celotipias y faltas de rectitud de intención, piensan que hacen un servicio a Dios
Jn 16, 2.
 Todas las contradicciones, pero esas especialmente, hay que sobrellevarlas junto al Señor en el Sagrario; allí adquiere especial fecundidad el apostolado que estemos llevando a cabo entonces.

Esas circunstancias expresan una especial llamada del Señor a estar unidos a Él mediante la oración. Son momentos en los que se deben poner de manifiesto la fortaleza y la paciencia, sin devolver nunca mal por mal. Es más, nuestra vida interior necesita incluso de contradicciones y de obstáculos para ser fuerte y consistente. De esas pruebas, el alma, con la ayuda del Señor, sale más humilde y purificada. Gustaremos de una manera especial la alegría del Señor y podremos decir como San Pablo: Estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones.
2 Cor 7, 4-
Señor, concédenos la gracia de imitar a tu mártir San Esteban, que oraba por los verdugos que le daban tormento, para que nosotros aprendamos a amar a nuestros enemigos . Amen.
El cristiano que padece persecución por seguir a Jesús sacará de esta experiencia una gran capacidad de comprensión y el propósito firme de no herir, de no agraviar, de no maltratar. El Señor nos pide, además, que oremos por quienes nos persiguen
Mt 5, 44. Estas palabras de San Pablo nos llevan a enseñar la doctrina del Evangelio sin faltar a la caridad de Jesucristo.

La última de las Bienaventuranzas acaba con una promesa apasionada del Señor: Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo
Mt 5, 11.  
El Señor es siempre buen pagador.

Esteban fue el primer mártir del cristianismo y murió por proclamar la verdad. También nosotros hemos sido llamados para difundir la verdad de Cristo sin miedo, sin disimulos: no temáis a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma,
Mt 10, 28-

En épocas de dificultades externas hemos de ayudar a nuestros hermanos en la fe a ser firmes ante esas contrariedades. Les prestaremos una gran ayuda con nuestro ejemplo, con nuestra palabra, con nuestra alegría, con nuestra fidelidad y nuestra oración; y hemos de poner especial delicadeza al vivir con ellos la caridad fraterna en esos momentos, porque el hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad amurallada Prov 18, 19.; es inexpugnable. La Virgen, Nuestra Madre, está particularmente cerca en todas las circunstancias difíciles. Hoy nos encomendamos también de modo especial al primer mártir que dio su vida por Cristo, para que seamos fuertes en todas nuestras tribulaciones.







La historia de Esteban nos dice mucho. Por ejemplo, nos enseña que no hay que disociar nunca el compromiso social de la caridad del anuncio valiente de la fe. Era uno de los siete que estaban encargados sobre todo de la caridad. Pero no era posible disociar caridad de anuncio. De este modo, con la caridad, anuncia a Cristo crucificado, hasta el punto de aceptar incluso el martirio. Esta es la primera lección que podemos aprender de la figura de san Esteban: caridad y anuncio van siempre juntos. 

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