A todos los sacerdotes, transfórmalos en Ti, Señor. Que el Espíritu Santo los posea, y que por ellos renueve la faz de la tierra.

viernes, 10 de abril de 2020

Viernes Santo


Viernes Santo



Resumen de la Santa Misa para hoy Viernes Santo

El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico.
El altar deber estar desnudo por completo: 

sin cruz, sin candelabros, sin manteles.
Después del mediodía, alrededor de las tres,  se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: Liturgia de la Palabra, Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión. En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la Pasión del Señor.
No se dice "Oremos"




¡Oh Dios!, tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte, que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él. De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana, la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia, la imagen de Jesucristo, el hombre celestial.
Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén




Lectura del libro del profeta Isaías 52, 13-15; 53, 1-12
Mi siervo tendrá éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin palabras, al ver algo que nunca les habían contado y comprender algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó el poder del Señor?
Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo
despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. Nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras rebeldías las que lo traspasaban y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos sanó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino, y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía, y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién se preocupó de su suerte?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca. Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y si él entrega su vida como expiación, verá su
descendencia, tendrá larga vida y por medio de él, prosperarán los planes del Señor. Después de una vida de amarguras verá la luz, comprenderá su destino. Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación cargando con las culpas de ellos.
Por eso, le daré un puesto de honor entre los grandes y con los poderosos participará del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.



Salmo 30

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado; líbrame por tu bondad. En tus manos encomiendo mi espíritu; tú, mi Dios leal, me librarás.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Soy la burla de mis agresores, motivo de risa para mis vecinos, el espanto de mis conocidos; los que me ven por la calle huyen de mí; olvidado de todos como un muerto, me he convertido en un objeto inútil.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Pero yo confío en ti, Señor; yo te digo: "Tú eres mi Dios". Mi destino está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, sálvame por tu amor. Sean fuertes y anímense, todos los que esperan en el Señor.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.



Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9

Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.
Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha sido probado en todo como nosotros excepto en el pecado.
Acerquémonos, pues, con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno.
El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; y precisamente porque era Hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor


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Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

† Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según san Juan 18, 1-40; 19, 1-42

C. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron el torrente Cedrón y entraron en un huerto que había cerca. Este lugar era conocido por Judas, el traidor, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos. Así que Judas, llevando consigo un destacamento de soldados romanos y los guardias puestos a su disposición por los sumos sacerdotes y los fariseos, se dirigió a aquel lugar. Iban armados y equipados con faroles y antorchas.
Jesús, que sabía todo lo que iba a ocurrir, salió a su encuentro y les preguntó:
†. "¿A quién buscan?"
C. Ellos contestaron:
S. "A Jesús de Nazaret".
C. Les dijo Jesús:
†. "Yo soy".
C. Judas, el traidor, estaba allí con ellos. En cuanto les dijo:"Yo soy", retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les preguntó de nuevo:
†. "¿A quién buscan?"
C. Volvieron a contestarle:
S. "A Jesús de Nazaret".
C. Jesús les dijo:
†. "Ya les he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan".
C. Así se cumplió lo que él mismo había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me diste".
Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió con ella a un criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro:
†. "Guarda tu espada. ¿Es que no debo beber este cáliz de amargura que el Padre me ha preparado?"
C. Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos. Acto seguido, lo condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: "Conviene que muera un solo hombre por el pueblo".
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. Pedro, en cambio, tuvo que quedarse fuera junto a la puerta, hasta que el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y consiguió que lo dejara entrar. Pero la portera preguntó a Pedro:
S."¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?"
C. Pedro le contestó:
S. "No, no lo soy".
C. Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una fogata y estaban en torno a ella calentándose. Pedro estaba también con ellos calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús declaró:
†. "Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído, y ellos podrán informarte".
C. Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a él, le dio una bofetada, diciéndole:
S. "¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?"
C. Jesús le dijo:
†. "Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?"
C. Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, a Caifás, el sumo sacerdote.
Mientras Simón Pedro estaba junto a la fogata, calentándose, uno le preguntó:
S. "¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?"
C. Pedro lo negó diciendo:
S. "No, no lo soy".
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, le insistió:
S. "¿Cómo que no? Yo mismo te vi en el huerto con él".
C. Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó el gallo.
Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el palacio del gobernador. Era de madrugada. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer impureza legal, y poder celebrar así la cena de pascua. Pilato, por su parte, salió adonde estaban ellos y les preguntó:
S. "¿De qué acusan a este hombre?"
C. Ellos le contestaron:
S. "Si no fuera un criminal, no te lo habríamos entregado".
C. Pilato les dijo:
S. "Llévenselo y júzguenlo según su ley".
C. Los judíos dijeron:
S. "Nosotros no estamos autorizados para condenar a muerte a nadie".
C. Así se cumplió la palabra de Jesús, que había anunciado de qué forma iba a morir. Pilato volvió a entrar en su palacio, llamó a Jesús y le interrogó:
S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
C. Jesús le contestó:
†. "¿Dices eso por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?"
C. Pilato respondió:
S. "¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y lo sumos sacerdotes los que te han
entregado a mí. ¿Qué has hecho?"
C. Jesús le explicó:
†. "Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores hubieran luchado para impedir que yo fuera entregado a los judíos. Pero no, mi reino no es de este mundo".
C. Pilato insistió:
S. "Entonces, ¿eres rey?"
C. Jesús le respondió:
†. "Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso he nacido y para eso he venido al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz".
C. Pilato le preguntó:
S. "¿Y qué es la verdad?"
C. Después de decir esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los judíos:
S. "Yo no encuentro delito alguno en este hombre. Pero como ustedes tienen derecho a que les ponga en libertad un prisionero durante la fiesta de la pascua, ¿quieren que deje en libertad al rey de los judíos?"
C. Pero ellos seguían gritando:
S. "¡No, a ése no! ¡Deja en libertad a Barrabás!" (El tal Barrabás era un bandido).
C. Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. Los soldados prepararon una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le colocaron sobre los hombros un manto rojo. Y se acercaban a él, diciendo:
S. "¡Salve, rey de los judíos!"
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió, una vez más, y les dijo:
S. "Miren, lo traigo de nuevo para que quede bien claro que yo no encuentro delito alguno en este hombre".
C. Salió, pues, Jesús afuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato lo presentó con estas palabras:
S. "¡Este es el hombre!"
C. Los sumos sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a gritar:
S. "¡Crucifícalo, crucifícalo!"
C. Pilato les dijo:
S. "Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; porque yo no encuentro delito alguno en él".
C. Los judíos insistieron:
S. "Nosotros tenemos una ley y, según ella, debe morir, porque se ha presentado a sí mismo como Hijo de Dios".
C. Al oír esto, Pilato sintió aún más miedo. Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:
S. "¿De dónde eres tú?"
C. Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo:
S. "¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que yo tengo autoridad, tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te crucifiquen?"
C. Jesús le respondió:
†. "No tendrías autoridad alguna sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene más culpa que tú".
C. Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero los judíos le gritaban:
S. "Si pones en libertad a ese hombre, no eres amigo del emperador romano. Porque cualquiera que tenga la pretensión de ser rey, es enemigo del emperador".
C. Pilato, al oír esto, mandó que sacaran fuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de "Enlosado" (que en la lengua de los judíos, se llama "Gábbata"). Era la víspera de la fiesta de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos:
S. "¡Aquí tienen a su rey!"
C. Ellos comenzaron a gritar:
S. "¡Mátalo! ¡Crucifícalo!"
C. Pilato insistió:
S. "¿Cómo voy a crucificar a su rey?"
C. Pero los sumos sacerdotes contestaron:
S. "Nuestro único rey es el emperador romano".
C. Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
Se hicieron, pues, cargo de Jesús quien, llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado "La Calavera" (que en la lengua de los judíos se dice "Gólgota"). Allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús.
Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero con esta inscripción: "Jesús de Nazaret, el rey de los judíos". Leyeron el letrero muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los sumos sacerdotes se presentaron a Pilato y le dijeron:
S. "No escribas: "El rey de los judíos", sino más bien: "Este hombre ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"".
C. Pilato les contestó:
S. "Lo que he escrito, escrito queda".
C. Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada uno. Dejaron aparte la túnica. Como era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza de arriba abajo, los soldados llegaron a este acuerdo:
S. "Es mejor que no la dividamos, vamos a sortearla para ver a quién le toca".
C. Así se cumplió este texto de la Escritura:
Dividieron entre ellos mis vestidos y mi túnica la echaron a suertes.
Eso fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús
estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre:
†. "Mujer, ahí tienes a tu hijo".
C. Después dijo al discípulo:
†. "Ahí tienes a tu madre".
C. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya. Después Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que también se cumpliera la Escritura, exclamó:
†. "Tengo sed".
C. Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la acercaron a la boca. Jesús probó al vinagre y dijo:
†. "Todo está cumplido".
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Aquí todos se arrodillan y oran en silencio unos instantes.

C. Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los crucificados y que los bajaran de la cruz.
Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y en seguida brotó del costado sangre y agua.
El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: No le quebrarán ningún hueso. La Escritura dice también en otro pasaje: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.
Entonces él fue y tomó el cuerpo de Jesús. Llegó también Nicodemo, el que en una ocasión había ido a hablar con Jesús durante la noche, con unos treinta kilos de una mezcla de mirra y perfume. Entre los dos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas de lino bien empapadas en la mezcla de mirra y perfume, según la costumbre judía de sepultar a los muertos.
Cerca del lugar donde fue crucificado Jesús había un huerto y, en el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido enterrado. Allí, pues, depositaron a Jesús, dado que el sepulcro estaba cerca y era la víspera de la fiesta de pascua.
Hasta aquí la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según san Juan




Oración Universal

Por la Santa Iglesia

Oremos, hermanos y hermanas, por la santa Iglesia de Dios, para que el Señor le conceda la paz y la unidad, la proteja en toda la tierra y a todos nos conceda una vida serena para alabar a Dios Padre todopoderoso.

Se ora un momento en silencio. 

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva la obra de tu amor para que tu Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Por el Papa

Oremos también por nuestro Santo Padre, el Papa N., para que Dios nuestro Señor, que lo eligió entre los obispos, lo asista y proteja para bien de su Iglesia como guía y pastor del pueblo santo de Dios.

Se ora un momento en silencio. 

Dios todopoderoso y eterno, cuya providencia gobierna todas las cosas: atiende nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que nos has elegido, para que el pueblo cristiano, confiado por ti a su guía pastoral, progrese siempre en la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Por el pueblo de Dios y sus ministros

Oremos también por nuestros obispos, presbíteros, diáconos, y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.

Se ora un momento en silencio. 
Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobiernas a toda tu Iglesia; escucha las súplicas que te dirigimos por todos sus miembros, para que, con la ayuda de tu gracia, cada uno te sirva fielmente en la vocación a que les has llamado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Por los catecúmenos

Oremos también por los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor les ilumine interiormente y les comunique su amor; y para que, mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden incorporados a Cristo, nuestro Señor.
Se ora un momento en silencio. 

Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia; aumenta en los catecúmenos el conocimiento de su fe, para que puedan renacer por el bautismo a la vida nueva de tus hijos de adopción.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Por la unidad de los cristianos

Dios todopoderoso y eterno, que reúnes a los que están dispersos y los mantienes en la unidad: mira con amor a todos los cristianos, a fin de que cuantos están consagrados por un solo bautismo formen una sola familia unida por el amor y la integridad de la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Por los que no creen en Cristo

Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo buscar sinceramente agradarte para que encuentren la verdad; y a nosotros, tus fieles, concédenos progresar en el amor fraterno y en el deseo de conocerte más, para dar al mundo un testimonio creíble de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Por los gobernantes

Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos está mover el corazón de los seres humanos y defender los derechos de los pueblos; asiste a los que gobiernan para que, con tu ayuda, promuevan una paz duradera, un auténtico progreso social y una verdadera libertad religiosa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Por los que se encuentran en alguna tribulación

Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los que lloran y fuerza de los que sufren: lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan en su tribulación, para que sientan en sus adversidades la ayuda de tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


El lugar donde juzgaron a Cristo en Jerusalén:... Gallicantu



Adoración de la Cruz

Se lleva al altar la cruz cubierta, acompañada por dos ministros con velas encendidas. El celebrante, de pie ante el altar, toma la cruz, descubre un poco su extremo superior y la eleva, comenzando a cantar el invitatorio "Miren el árbol de la cruz". Todos responden "Vengan a adorarlo". El celebrante descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de nuevo, canta la invitación "Miren el árbol de la cruz", y prosigue como la primera vez. Finalmente descubre por completo la cruz y, elevándola, comienza por tercera vez el invitatorio "Miren el árbol de la cruz", y el pueblo responde "Vengan a adorarlo".
El celebrante el clero y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz, haciendo delante de ella una genuflexión simple o venerarla besándola. Mientras tanto, se canta la antífona "Tu cruz adoramos", los Improperios u otros cánticos apropiados.
Tu cruz adoramos


Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. Por el árbol de la cruz ha venido la alegría al mundo entero.

El Señor tenga piedad de nosotros y nos bendiga, que nos muestre su rostro radiante y misericordioso.
Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos. Por el árbol de la cruz ha venido la alegría al mundo entero.

El Señor tenga piedad de nosotros y nos bendiga, que nos muestre su rostro radiante y misericordioso.
Improperios

Pueblo mío, ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido? Respóndeme.
Yo te saqué de Egipto; tú preparaste una cruz para tu Salvador.

Santo es Dios. Santo y fuerte. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

Yo te guié cuarenta años por el desierto, te alimenté con el maná, te introduje en una tierra excelente; tú preparaste una cruz para tu Salvador.

Santo es Dios. Santo y fuerte. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.


Santo es Dios. Santo y fuerte. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.


Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:


Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

El celebrante con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos, Señor, de todos los males, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos. El pueblo concluye la plegaria aclamando:

¡Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor!


Dios todopoderoso y eterno, que nos has redimido con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo por medio de nuestra participación en este Sacramento, prosigue en nosotros la obra de tu amor y ayúdanos a vivir entregados siempre a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.




Origen de la tradicion a la visita de las siete Iglesias.....

Catequesis Misionera Triduo Pascual 


Santa Misa con el Padre Jose de Jesus Aguilar Valdes que nos acompaño en este camino de oracion programada para este Viernes Santo 19hs....



beata ana catalina emmerich amarga pasion de cristo



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Via Crucis Biblico por Fray Alejandro Ferreiros

miércoles, 8 de abril de 2020

Miercoles Santo

































Evangelio según san Mateo 26, 14-25

Gloria a ti, Señor.


En aquel tiempo, uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
"¿Qué me dan si les entrego a Jesús?"
Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
Y desde ese momento buscaba la oportunidad para entregarlo.
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
"¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?"
El respondió:
"Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: "El Maestro dice: Se acerca el momento, y quiero celebrar la pascua en tu casa con mis discípulos"".
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce, y mientras cenaban les dijo:
"Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar".
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno:
"¿Acaso soy yo, Señor?"
Jesús respondió:
"El que come en el mismo plato que yo, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, tal como está escrito de él; pero ¡ay de aquél que entrega al Hijo del hombre! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!"
Entonces preguntó Judas, el traidor:
"¿Soy yo acaso, maestro?"
Y Jesús le respondió:
"Tú lo has dicho".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús


Miercoles Santo 


Meditemos esta Semana Santa Con el Padre  José de Jesús Aguilar Valdés


Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalen


Cafarnaum El Pueblo donde Jesús vivió sus últimos años.


Mas Para conocer acerca de las mezquitas y el Muro de los Lamentos


La Casa de la Virgen Maria en EFESO


Para rezar el Via Crucis

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Oremos esta semana santa por la Iglesia
por los sacerdotes 
por los consagrados del mundo entero
por los sacerdotes que estan solos 
por los que estan enfermos y lejos de su familia
por los que van a entregar su vida hoy
por los que estan en el purgatorio
por los obispos y diaconos
por los seminaristas
por las monjas de clausura
por los consagrados que colaboran en las misas
por los que realizan misas por internet para todos
por las Siervas de Maria
por las Pias Discipulas
por las misioneras de la Caridad
por las Carmelitas descalzas

por tus intenciones.
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domingo, 5 de abril de 2020

"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!"



Bendito el que viene en nombre del Señor.

Evangelio según san Mateo 21, 1-11

Gloria a ti, Señor.
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá".
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: "Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo".
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban:
"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!"
Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían:
"¿Quién es éste?"
Y la gente respondía:
"Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Comienza la procesión hacia el templo. 
Va delante el que lleva el incienso, 
luego el que lleva la cruz adornada, 
en medio de dos ministros con velas encendidas. 

A continuación el celebrante con los demás ministros. Por último, los fieles con los ramos cantando el Salmo 23

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Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes,
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sagrado?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso.

"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"

¡Portones!, alzad los linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"

¡Portones!, alzad los linteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es el Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos:
él es el Rey de la gloria.

"¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!"


Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7

En aquel entonces, dijo Isaías:
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.



Salmo 21
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí, hacen muecas, mueven la cabeza: "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere".
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Me acorrala una jauría de perros, me rodea una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo, linaje de Israel. 
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Hermanos: Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor





Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

La historia de la Pasión del Señor se lee sin rito alguno. Es leída por el diácono o, en su defecto, por el celebrante. Puede ser leída también por lectores laicos, reservándose el celebrante la parte correspondiente a Cristo.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14-75; 27, 1-54

A. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
B. "¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús?"
A. Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
B. "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"
A. El respondió:
†. "Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: "El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa" ".
A. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.
Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo:
†. "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme".
A. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno:
B. "¿Acaso soy yo, Señor?"
A. El respondió:
†. "El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido".
A. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
B. "¿Acaso soy yo, Maestro?"
A. Jesús le respondió:
†. "Tú lo has dicho".
A. Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
†. "Tomen y coman. Este es mi Cuerpo".
A. Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:
†. "Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre".
A. Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
†. "Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño". Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea".
A. Entonces Pedro le replicó:
B. "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré".
A. Jesús le dijo:
†. "Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces".
A. Pedro le replicó:
B. "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré".
A. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:
†. "Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá".
A. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
†. "Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo".
A. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo:
†. "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú".
A. Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
†. "¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil".
A. Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo:
†. "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad".
A. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo:
†. "Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar".
A. Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal:
B. "Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo".
A. Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
B. "¡Buenas noches, Maestro!"
A. Y lo besó. Jesús le dijo:
†. "Amigo, ¿es esto a lo que has venido?"
A. Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron.
Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
†. "Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?"
A. Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
†. "¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas".
A. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.
Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron:
B. "Este dijo: "Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días"".
A. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
B. "¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?"
A. Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
B. "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".
A. Jesús le respondió:
†. "Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo".
A. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
B. "¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?"
A. Ellos respondieron:
B. "Es reo de muerte".
A. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban, diciendo:
B. "Adivina quién es el que te ha pegado".
A. Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo:
B. "Tú también estabas con Jesús, el galileo".
A. Pero él lo negó ante todos, diciendo:
B. "No sé de qué me estás hablando".
A. Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban allí:
B. "También ése andaba con Jesús, el nazareno".
A. El de nuevo lo negó con juramento:
B. "No conozco a ese hombre".
A. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban allí y le dijeron:
B. "No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata".
A. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: "Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces". Y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.
Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.
Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
B. "Pequé, entregando la sangre de un inocente".
A. Ellos dijeron:
B. "¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú".
A. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó.
Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
B. "No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre".
A. Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar allí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy "Campo de sangre". Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: "Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor".
Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:
B. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
A. Jesús respondió:
†. "Tú lo has dicho".
A. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
B. "¿No oyes todo lo que dicen contra ti?"
A. Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los allí reunidos:
B. "¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?"
A. Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.
Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
B. "No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa".
A. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó:
B. "¿A cuál de los dos quieren que les suelte?".
A. Ellos respondieron:
B. "A Barrabás".
A. Pilato les dijo:
B. "¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?"
A. Respondieron todos:
B. "Crucifícalo".
A. Pilato preguntó:
B. "Pero, ¿qué mal ha hecho?"
A. Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
B. "¡Crucifícalo!"
A. Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo:
B. "Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes".
A. Todo el pueblo respondió:
B. "¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!"
A. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y arrodillándose ante él, se burlaban diciendo:
B. "¡Viva el rey de los judíos!"
A. Y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar. Juntamente con él crucificaron a dos ladrones.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, "Lugar de la Calavera", le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos". Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Los que pasaban por allí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole:
B. "Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz".
A. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo:
B. "Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: "Soy el Hijo de Dios"".
A. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:
†"Elí, Elí, ¿ lemá sabactaní?"
A. Que quiere decir:
†. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
A. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
B. "Está llamando a Elías".
A. Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron:
B."Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo".
A. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.
A. Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron:
B. "Verdaderamente éste era Hijo de Dios".
A. Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron:
B. "Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: "A los tres días resucitaré". Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", porque esta última impostura sería peor que la primera".
A. Pilato les dijo:
B. "Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran".
A. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron allí la guardia.
Hasta aquí la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según san Mateo.

Oración de los Fieles

Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos . a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los conforte, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión, destruyese el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviese la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén

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para saber mas sobre esta semana

La Dolorosa Pasion de Nuestro Señor Jesus



Padre Jose de Jesus Aguilar Valdes nos invita a caminar desde este video por la Via Dolorosa.....

En Vivo Adoracion y Celebraciones desde el Santuario de Jesus Misericordioso de Polonia

Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia


Rezo del Santo Rosario como lo reza Arca San Juan Pablo II misterios dolorosos...



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sábado, 4 de abril de 2020

«Corazón inmaculado de María. Mi corazón inmaculado será tu refugio».





Evangelio según san Juan 11, 45-56
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, muchos judíos que habían ido a visitar a María, al ver lo que Jesús había hecho creyeron en él. Otros, en cambio, fueron a contar a los fariseos lo que había hecho. Entonces, los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron a reunión del Consejo. Se decían:
"¿Qué hacemos? Este hombre está realizando muchos signos. Si dejamos que siga actuando así, toda la gente creerá en él;
entonces las autoridades romanas tendrán que intervenir y destruirán nuestro templo y nuestra nación".
Uno de ellos, llamado Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, les dijo:
"Están completamente equivocados. ¿No se dan cuenta de que es preferible que muera un solo hombre por el pueblo, a que toda la nación sea destruida?"
Caifás no hizo esta propuesta por su cuenta, sino que, como desempeñaba el oficio de sumo sacerdote aquel año, anunció bajo la inspiración de Dios que Jesús iba a morir por toda la nación; y no solamente por la nación judía, sino para conseguir la unión de todos los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de este momento tomaron la decisión de dar muerte a Jesús. Por eso, Jesús ya no se mostraba públicamente entre los judíos; dejó la región de Judea y se fue a un pueblo, llamado Efraín, muy cerca del desierto. Y se quedó allí con sus discípulos.
Estaba muy próxima la fiesta judía de la pascua. Ya antes de la fiesta, mucha gente de las distintas regiones del país subía a Jerusalén para asistir a los ritos de purificación. Estas gentes buscaban a Jesús y, estando en el templo, se decían unos a otros:
"¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús





Esto dice el Señor:
"Yo recogeré a los israelitas de entre las naciones adonde han ido y los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Haré de ellos un solo pueblo en mi tierra, en las montañas de Israel; tendrán todos un solo rey, y ya no serán dos naciones, dos reinos divididos. No se contaminarán más con sus ídolos, con sus perversas
acciones y sus crímenes; los libraré de todos los lugares donde pecaron y los purificaré. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, y tendrán todos un solo pastor; caminarán por la senda de mis preceptos, observarán mis mandamientos y los pondrán en práctica. Vivirán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, donde vivieron sus antepasados. Allí vivirán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; mi siervo David será su príncipe eternamente. Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna, y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. Pondré en medio de ellos mi morada, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y cuando mi santuario esté en medio de ellos por siempre, reconocerán las naciones que yo, el Señor, he consagrado a Israel".
Ezequiel 37, 21-28

Salmo 31

El Señor nos cuidará como pastor a su rebaño.

Escuchen, pueblos, la palabra del Señor, anúncienla en las islas remotas: "El que dispersó a Israel lo reunirá, lo cuidará como pastor a su rebaño".
El Señor nos cuidará como pastor a su rebaño.

El Señor redimió a Israel y lo rescató de las manos del poderoso. Vendrán para aclamarlo al monte Sión, acudirán a gozar de los bienes del Señor.
El Señor nos cuidará como pastor a su rebaño.

Entonces las muchachas bailarán alegremente, junto con los jóvenes y los viejos. Yo convertiré su tristeza en alegría, los llenaré de gozo y aliviaré sus penas.
El Señor nos cuidará como pastor a su rebaño.


Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.

-Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.

-Tú que, exaltado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, sana nuestras heridas y atráenos a tu corazón abierto.

-Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, haz que los bautizados compartamos tu cruz y gocemos de la abundancia de sus frutos.

-Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, perdónanos también a nosotros que perdonamos a quienes nos han ofendido.

 Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y levanta nuestra débil vivencia cristiana con la fuerza de la pasión de tu Hijo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.





Acto de Consagración al Inmaculado Corazón de María

" Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía,
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma,
mis pensamientos y mis acciones.

Quiero ser como tú quieres que sea,
hacer lo que tu quieres que haga.
No temo, pues siempre estas conmigo.
Ayúdame a amar a tu hijo Jesús,
con todo mi corazón y sobre todas las cosas.

Pon mi mano en la tuya para que este siempre contigo.

"Fue solicitado por la Virgen en Fátima (donde el día profetizado para la aparición, el sol bailó ante la mirada de miles de personas incluyendo ateos que odiaban la Religión y donde Juan Pablo II puso en la corona de la Virgen, la bala destinada a asesinarlo, milagrosamente desviada por la mano maternal de María):


Confesarse ANTES (máximo 8 días) con la intención de reparación al Inmaculado Corazón de María (si uno se olvidó de la intención, y no está en pecado mortal, puede confesarse después del sábado pero lo antes posible, recordándola).
 La confesión requiere dolor de los pecados, conversión de corazón y propósito de enmienda.


Comulgar en estado de Gracia (si se está en pecado mortal, por ejemplo, por faltar a la Misa dominical, usar anticonceptivos o planificación familiar natural sin causa grave, para recuperarlo, basta confesarse antes de comulgar)


Rezar un misterio del Rosario (5 decenas) con ternura por nuestra Madre Inmaculada.


Rezarle a la Virgen 15 minutos adicionales meditando los misterios del Rosario (por lo menos Gozosos, Dolorosos y Gloriosos) con la intención de reparar.



La Virgen prometió asistencia a la hora de la muerte

Recordar que seremos recompensados proporcional e infinitamente por cada acto de amor en cada momento.

Aún si hicimos la reparación durante 5 sábados, no quita que podamos reparar en cualquier momento las cinco formas en que es ofendido su Inmaculado Corazón:

Ataques contra la Inmaculada Concepción de María.

Ataques a su Perpetua Virginidad (siempre Virgen, antes, durante y después del parto).

Ataques a su Divina Maternidad y el rechazo de aceptarla como la Madre de toda la humanidad.

Por aquellos que tratan públicamente de implantar en los niños indiferencia, desprecio y aun odio por esta Madre Inmaculada.

Por aquellos que la insultan directamente en sus imágenes sagradas





Esta devoción fue revelada por la Virgen María a la Hermana Lucía el 10 de Diciembre de 1925 mientras estaba arrodillada en la capilla del Convento.


Nuestra Señora se le apareció con el Niño Jesús quien le dijo:

“Ten compasión del corazón de tu Santísima Madre. Éste está cubierto con espinas, con las cuales hombres ingratos lo hieren en cada momento y no hay nadie que las remueva con un acto de reparación.”

Nuestra Señora se mostró también sosteniendo un corazón rodeado con espinas agudas y le dijo:

"Mira, mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos, a cada momento, me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, haz algo por consolarme y dí, en mi nombre, que a todos aquéllos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el rosario y me acompañen quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagravarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación".

Lucía le habló (a Jesús) de la confesión para los primeros sábados y preguntó si valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: "Sí; todavía con más tiempo, con tal que me reciban en estado de gracia y tengan intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María".

"He aquí hija mía, por que ante este Inmaculado Corazón ultrajado, se movió mi misericordia a pedir esta pequeña reparación, y, en atención a Ella, a conceder el perdón a las almas que tuvieran la desgracia de ofender a mi Madre. En cuanto a ti procura incesantemente con tus oraciones y sacrificios moverme a misericordia para con esas almas".
La intención de hacer esta reparación al Inmaculado Corazón de María puede ponerse al principio....

Carta de la Hermana Lucía explicando esta devoción

(1 Noviembre de 1927 a Doña María Miranda, su Madrina)

“Yo no se si tu ya sabes acerca de la devoción reparatoria de los cinco primeros Sábados al Inmaculado Corazón de María. Como todavía esta reciente, me gustaría inspirarte a practicarla, porque es pedida por Nuestra querida Madre Celestial y Jesús ha manifestado un deseo de que sea practicada. También me parece que serias muy afortunada querida madrina, no solo de saberla y de darle a Jesús la consolación de practicarla, pero también de hacerla conocida y abrazada por muchas otras personas.

Consiste de esto: Durante cinco meses en los Primeros Sábados, recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, recitar un Rosario, mantener quince minutos de compañía a la Virgen mientras se meditan los misterios del Rosario, y hacer una confesión. La confesión se puede hacer unos pocos días antes, y si en esta confesión previa tu haz olvidado la intención (requerida), la siguiente intención se puede ofrecer, siempre y cuando en el Primer Sábado uno reciba la Sagrada Comunión en estado de Gracia, con la intención de hacer reparación por las ofensas en contra de la Santísima Virgen y las cuales afligen Su Inmaculado Corazón.

Me parece, querida Madrina, que somos afortunados de poder darle a nuestra querida Madre Celestial esta prueba de amor, porque nosotros sabemos que Ella desea que se le ofrezca esto.

En cuanto a mi, Yo reconozco que nunca estoy tan contenta como cuando llega el Primer Sábado. No es verdad que nuestra mas grande felicidad es pertenecerle completamente a Jesús y a María, y amarles a ellos y a ellos solamente, sin reserva?

Nosotros vemos esto claramente en las vidas de los santos... Ellos estaban contentos porque ellos amaban, y nosotros, mi querida madrina, nosotros tenemos que buscar amar como ellos lo hicieron, no solamente para disfrutar a Jesús, lo cual es lo menos importante "porque si no lo disfrutamos aquí abajo, nosotros lo disfrutaremos al arriba" pero para darles a Jesús y María la consolación de ser amados... y que a cambio de este amor ellos podrían salvar muchas almas."

Memorias de Santa Lucia

Sor Lucia Corazones.org

SAN AMBROSIO, obispo y doctor de la Iglesia.
 Nació en Tréveris (Alemania) hacia el año 340 de familia romana cristiana. Estudió en Roma derecho y retórica, y comenzó una brillante carrera en la administración civil del Imperio. El año 374, siendo Prefecto de Milán, intervino para impedir tumultos, y, cuando todavía era catecúmeno y se preparaba para el bautismo, fue aclamado obispo de la ciudad; rápidamente fue bautizado, instruido, y por último ordenado de obispo el 7 de diciembre. Por sus dotes personales y por la formación que adquirió, fue consejero de emperadores, apóstol de la caridad, reformador litúrgico, formador de almas (convirtió y bautizó a san Agustín), comentarista de la Escritura, defensor de la doctrina católica frente al arrianismo y de la libertad de la Iglesia. Murió el 4 de abril del año 397. 
Su fiesta se celebra el 7 de diciembre, día de su ordenación episcopal.- 
Oración: Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo san Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN ISIDORO DE SEVILLA, obispo y doctor
el último de los Santos Padres latinos de la Iglesia. 
Nació hacia el año 560, y era oriundo, como sus santos hermanos Leandro, Fulgencio y Florentina, de Cartagena (España). Educado por su hermano san Leandro, arzobispo hispalense, le sucedió en la sede sevillana, donde desarrolló su extraordinaria labor pastoral y literaria, procurando la maduración cultural y moral del clero, fundando un colegio, prototipo de los futuros seminarios. Su sabiduría iba unida a una gran humildad y caridad. Compuso libros llenos de erudición, entre los que hay que destacar el de las Etimologías, organizó bibliotecas, convocó y presidió varios concilios, entre ellos el IV de Toledo del 633, ordenó la liturgia hispano-visigoda, dio cánones sabios para renovar la vida de los religiosos y de los fieles. Después de 40 años de episcopado, murió el 4 de abril del 636. El año 1063 fue trasladado su cuerpo a León, donde hoy recibe culto en la iglesia de su nombre. Su fiesta se celebra en España el 26 de abril.-Oración: Señor, Dios todopoderoso, tú elegiste a san Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber; concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación generosa de tu eterna verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



 
Rezo del Santo Rosario Abril 2020


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